La condena del ciudadano ejemplar: el síndrome del espectador
En una sociedad cada vez más alienada, que lo mismo engendra manadas como se une para acabar con ellas, hay cabida para la omisión del deber
"En una sociedad cada vez más alienada, que lo mismo engendra manadas como se une para acabar con ellas, hay cabida para la omisión del deber del ciudadano"
¿Qué tienen en común Marina Abramovic, Yoko Ono y Kitty Genovese? "37 personas que vieron un crimen no llamaron a la policía". En este artículo de Elena González (@lacalandria) se tratan varias cuestiones que están interrelacionadas, como la Teoría de la Difusión de la Responsabilidad, la agresividad pasiva de grupo, o el consentimiento del sujeto que asume su objetificación. La complicidad del rebaño.
@lacalandria
Roma, 7 julio de 1990, un día antes de la final del Mundial de fútbol. Las termas de Caracalla se convierten en el escenario de un evento único que transformará por completo la apreciación del género operístico. Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Josep Carreras, acompañados de la Orquesta de la Ópera de Roma y del Maggio Musicale Fiorentino dirigida por Zubin Mehta, se convierten en «Los tres tenores».
Ochocientos millones de espectadores fueron testigo en directo de cómo se forjaba la leyenda, un auténtico fenómeno musical que ha pasado a la historia como «el concierto del siglo». El recital se había concebido, con la excusa de la celebración de la Copa del Mundo, para recaudar fondos para la Fundación Josep Carreras contra la leucemia. Supuso, de hecho, el debut internacional del tenor catalán tras su recuperación del cáncer. Fue tal el éxito cosechado que la experiencia se repitió en los tres mundiales posteriores: actuaron en el Dodger Stadium de Los Ángeles (1994), en el Campo de Marte de París (1998) y en el Estado internacional de Yokohama (2002), hoy Estadio Nissan.
«Creo que nosotros fuimos los principales responsables de que la ópera comenzara a llegar a un público más vasto. Esto es innegable, y esto es fundamental para la vida de la ópera».
Josep Carreras
El repertorio no solo abarcaba grandes arias de ópera, como Nessun dorma o E lucevan le stelle, también canciones populares como los clásicos italianos O Sole Mio y Core N’gratto o las míticas Granada y Amapola, rescatando y celebrando composiciones que representaban a los tres cantantes. Actuaron en orden alfabético y por edad: primero Carreras, después Domingo y por último Pavarotti. A pesar de que lo ensayaron, el concierto tiene momentos gloriosos en los que los tres divos de la ópera se indican unos a otros cuándo entrar a cantar, con sus confusiones y sus instantes de complicidad, haciendo las delicias de una audiencia tan entregada como la que presenciaría la final entre Argentina-Alemania unas horas después. El penalti lo marcó Puccini cuando decidieron cantar juntos Nessum Dorma tras finalizar el programa, algo que no estaba en el guión. «Acabamos el programa y no teníamos más música. No sabíamos qué hacer y le dije a Luciano "¿te parece si cantamos Nessun Dorma los tres juntos?"», dijo Plácido Domingo en una entrevista. El resto es historia.
por @lacalandria
Enlaces:
«O sole mio» (Giovanni Capurro, Eduardo di Capua, 1898)
«Nessun Dorma» (Turandot, Puccini, 1926)
«Los tres tenores se juntan, 1990» Reportaje RTVE
Emisión del programa ¿Te acuerdas? titulado "Los tres tenores" se juntan, 1990. Todos los contenidos de TVE los tienes aquí, en RTVE Play