Pareciera que las amenazas -y su posible cumplimento- para que se incremente el precio del transporte público en la Zona Metropolitana se están convirtiendo en una tradición navideña, al igual que las posadas, el arbolito y las pastorelas. Cada diciembre es la misma escena. Líderes transportistas amagando con ir a paro camionero, gobiernos que son puestos contra la pared ante la presión de provocar un caos en plenas fiestas decembrinas y usuarios secuestrados por la incapacidad de que se construyan acuerdos verificables y con sanciones para quienes los incumplan.
Gobiernos vienen y van sin lograr los acuerdos políticos y sociales necesarios para impulsar la tan llevada y traída reforma integral del transporte público. Y mientras tanto, el número de usuarios de camión urbano desciende y los autos y las motocicletas crecen de una forma escandalosa sin que existan opciones reales para disuadirles de que se bajen de sus vehículos y se decidan por otras formas más sustentables de movilizarse.
Lo único que se ha mantenido a lo largo del tiempo es el incumplimiento de los acuerdos, decálogos y compromisos para mejorar la calidad de este servicio, tanto en el sector transportista como en el gubernamental. Y el historial es largo. Por ejemplo, en el año 2001, el entonces Gobernador, Francisco Ramírez Acuña, había condicionado el incremento al transporte público a cambio de que se cumplieran 17 puntos de mejora. ¿Cuáles eran? Los mismos de siempre. Y de esas épocas queda para el recuerdo la idea de los "gobernadores de velocidad" que sonaban fuertemente cuando las unidades alcanzaban velocidades por encima de lo permitido. Pero sólo sonaban, porque no pasaba nada más. Igual que hoy.
En el sexenio de Emilio González Márquez, en el año 2007, se les entregó a los transportistas un subsidio por cerca de 258 millones de pesos para que no se subiera el precio del pasaje, y a cambio debían comprometerse a 18 medidas, muy similares a las del año 2001. Y tampoco pasó nada. Incluso se llegó a discutir un calendario sobre la transformación del esquema de cobro del pasaje, para migrar del chofer "cobrador" a tener un sistema de prepago, con tarjeta inteligente y nuevas medidas de control. Se aprobó una norma técnica al respecto en diciembre del 2010 y sigue sin pasar nada. No se ha cumplido el calendario y las unidades siguen igual.
En el inicio de la actual Administración estatal, las expectativas de transformación del sistema han sido muy altas. Pero no sólo las ganas de cambios positivos han crecido. También los problemas y externalidades negativas. Tenemos más contaminación, más accidentalidad, más enfermedades asociadas al aire sucio, más congestionamiento y la velocidad promedio para desplazarse en auto ronda los 19 kms por hora. Y todo esto a pesar de los casi 38 mil millones de pesos invertidos en el periodo 2007-2012 en infraestructura y políticas a favor del auto privado.
Entre abril y mayo se instaló formalmente la Comisión Mixta para el Nuevo Modelo de Transporte Público, con integrantes de distintos sectores sociales, políticos y también transportistas. Se hicieron foros, consultas y propuestas. Hoy vemos que a pesar de las buenas intenciones de instalar un mecanismo de consulta y diálogo, la evaluación de la calidad en el servicio de transporte público sigue en espera de ser implementada de manera seria y vinculante.
Por eso resulta inaceptable que los líderes transportistas pidan un aumento y no entreguen resultados a cambio. Llevamos más de una década con los mismos pretextos cada diciembre. Argumentan no tener recursos económicos para cambiar las unidades, pero que los choferes manejen bien, no fumen y traten con dignidad a los usuarios, que las unidades estén limpias, que no excedan los límites de velocidad, son aspectos que no requieren inversión, sino un cambio de cultura en la forma en la que se opera en la lógica del hombre-camión.
El único aumento con el que la sociedad en su conjunto podría estar a favor es con el de la calidad, seguridad y rapidez en el servicio actual del transporte público. El otro -el de la tarifa- tiene el rechazo más importante de todos: el de los usuarios.
@marasiro