Érase una vez un dolor
Adiós querido cielo
El sonido claro del viento al pasar por la ventana abierta, acompañado de la cálida luz del sol tocó mi piel mientras despertaba de un sueño forzado, —“No era mi hora, supongo”— fue el primer pensamiento que me vino a mi mente antes de abrir los ojos.
Una habitación blanca, luces amarillentas brillantes, una cama simple y cómoda, y mi cuerpo cubierto por un pijama suave de gris azulado. Todo tiene sentido por un momento, en el siguiente, me siento atrapada una vez más, una voz familiar y hostil que suena como un susurro cerrado y distante: —"Que inútil eres. Mirate, estás encerrada. Eres tan estúpida"— ahí va de nuevo, cuanto más trato de ignorarlo, más me ataca.
—"Ey 'Lery', ¿cómo te sientes?"— Martha, la chica con la que he compartido habitación durante los últimos tres meses habló con su suave voz a la que me apegué tanto,
"El doc dijo que tuviste otro episodio hoy... estoy empezando a sentir que uno de estos días, intentarás golpearme a mí también... o uno de ellos..."
Mi cabeza todavía giraba por los sedantes que me habian dado, al escuchar estas palabras de la dulce niña de quien la única razón de estar aquí era tratar de quitarse la vida debido al abuso de su padre, había encontrado en mí un confidente, alguien en quien confiar, y ahora, sonaba asustada de mí.
"¿Qué? Mar, ¿qué quieres decir? Por supuesto que nunca-"
—"Oh, lo harás~"— él de nuevo, se siente sofocante.
"Perdón si te asusté, eso no volverá a pasar, lo prometo"
Martha movió la cabeza de arriba a abajo en afirmación, mirándome con ojos que no noté hasta ese momento, rojos como si hubiera estado llorando. No más de tres meses después me liberaron a mi familia, mi madre estaba feliz de tenerme de regreso en casa y mi padrastro solo me miraba con desdén, como si mi presencia no fuera bienvenida.
Estuve en la sala de psiquiatría durante unos 6 meses, "intento de suicidio y episodios maníacos peligrosos", decía el papeleo. Parece que se olvidaron de mencionar a mis compañeros de cabeza esta vez, o posiblemente estamos mejorando en el enmascaramiento, quién sabe.
Pasado ni un año, mi contacto con Martha se detuvo de repente, sin aviso, sin señales, nada, hasta que un día recibí una llamada de su hermano —“Se fue”— me dijo extendiéndome una petición para que asistiera a su funeral, —“Ella saltó del quinto piso”— escuché de su hermana.
Después de ese día apenas recuerdo nada con claridad, los apagones y los cambios con pérdida de memoria se hicieron habituales durante los dos o tres años siguientes. Las personas que conocía se volvieron distantes y personas que no podía recordar comenzaron a hablarme como si fuéramos amigos cercanos. Parece que Mio maratoneo el hacer amistades. Y así, pasó otro día sin aviso.
El nítido sonido del viento al pasar por la ventana abierta, acompañado de la cálida luz del sol tocaba mi piel mientras despertaba de un profundo sueño, —“Supongo, que ya es hora”— fue el primer pensamiento que vino a mi mente mientras abría los ojos, mi gata, Phey durmiendo en la ventana, el sol reflejado en su cabello.
—"Que tal Frittata de Pollo para el desayuno?"— habló dentro de mi cabeza con su habitual voz alegre y cariñosa. —"Suena bien, gracias Mio"— Respondí por fuera, parándome y levantándome de la cama, el cabello desordenado y enredado, la cara con mirada somnolienta, esperando que ese día no fuera un mal día. Me estoy aburriendo de los días malos.












