A u s e n c i a s
Hoy quería hablar de lo difícil que es el olvido. La mayoría del tiempo queremos aferrar los recuerdos y sentimientos de un objeto o persona a nuestra vida, olvidar, dejar o superar es de las cosas más difíciles en un ser humano, tenemos la necesidad del tacto, de la convivencia.
Le llamaría la ausencia fantasma, esa ausencia donde puedes oler, sentir o dejar aún los espacios que esa persona dejó. Extrañar es algo tan natural porque nos recuerda el pasado que tuvimos y como hemos logrado estar en este presente.
Quiero escribirles como presencio el olvido y como lo abrazo con ternura: Hubo días donde me sentía pesada como si estuviera cargando de caballito en mi espalda a alguien, dejaba la silla donde te sentabas, el pedazo de cama que ocupabas, el espacio en tu ropero lo seguía manteniendo, aunque estaba ahí empolvándose. Bailaba tus ausencias, desayunaba con la melancolía del olvido, cantaba las tristezas que me ocasionabas, le platicaba a la nada, me imaginaba tu olor y te pensaba por las noches. Creo que la telepatía nocturna nos mantenía despiertos, traté, entre muchas cosas, de romper el hilo invisible que seguía uniéndonos.
Después de muchas lágrimas saladas, berrinches incesantes, vacíos de tanto llorar tu ausencia, un día me levanté, me miré al espejo y pude reconocerme entre todos esos meses desperdiciados pensándote.
Me llené de felicidad al saber que el proceso de tu partida lo había abrazado y estaba lista para guardarte en una caja y decirte adiós.
Hoy te digo adiós, espero jamás encontrarnos, si la dicha o las coincidencias lo permiten, espero que seas alguien distinto al que conocí hace unos ayeres.
Es así como alguien pasa el proceso de la pérdida, de la ausencia y abrazar los olvidos, aquellos espacios en blanco donde se nos permite escribir otra historia. Creo que a esto le llamaría el proceso de la vida.













