ALFREDO BOULTON. Caracas Septiemnbre 1990Escribir de pintura y de pintores es siempre como querer un tanto invadir terrenos y áreas que no son las propias y situarse en ajenos limites que solo son del autor a quien uno quiere acercarse, porque en ese acto se falsea, se altera, se modifica y se adultera la verdadera intención artística de quien uno desea comentar. El arte de pintar esta hecho sobre realidades visuales mudas, sin palabras. Es un ejercicio solamente visual y volverlo uno texto escrito es como adulterar fundamentalmente su razón original. Querer decir algo sobre estas obras de Carlos Cabeza es una transgresión y un atrevimiento. Querer decir algo la obra de un pintor es invadir la propiedad creativa pictórica y visual del artista. Nadie jamás debería invadir lo que no le pertenece y escribir sobre Cabeza es hablar yo de lo que su obra no requiere. Cada uno en su puesto. Lo que desea decir el artista esta ya dicho en su lienzo. Esta dicho por el mismo en sus cuadros y en la mejor manera que el entiende deba decirse y no requiere de quien lo haga por su cuenta, porque nadie puede hacerlo mejor que el. Ahora bien, lo que el me ha pedido que yo diga habrá de ser lo que yo sienta de la obra que el a hecho y yo no puedo decir otra cosa que el efecto de mis sentimiento mirando su obra. Y así será, como siempre a sido y seguirá siendo para cada quien, cuando se le mira un cuadro, cuando se le mira al instante el deja de ser su autor y se vuelve de uno, de quien lo mira, para dejar de ser, en este caso de Carlos Cabeza y ser de nosotros que miramos su obra. El arte es dar. El arte es recibir. Es dar para que otros reciban la obra del artista que habrá de abrirnos mundo a la medida de cada uno, de cada quien y en ese instante dejar de ser la obra de Carlos Cabeza y la tomamos para hacer nosotros con ella lo que nadie nos puede quitar: el deleite de mirar, el goce de sentir, la fruición intima del placer de lo inefable y que solo esta en uno para sentirlo de una especial manera e intensidad y entonces es cuando el cuadro pertenece a quien lo mira y deja de ser de otro. Sin embargo, esta situación quien la crea es el artista. En este caso es Carlos Cabeza quien nos hace mirar en sus lienzos mundos personales y particulares de cada quien, siendo sus lienzos los que nos trasmiten esos mensajes desde sus imágenes, pero que se vuelven nuestros al mirarlos. El arte es dar y recibir, saber dar para poder recibir.De toda esa extraña substancia emocional de que está hecha la misteriosa materia del talento; de esa imponderable hechura de fermento y de la realización visual de la belleza que de ella emana, de todas estas sensaciones y mezclas que muchos han querido definir con palabras atinadas, precisas, adecuadas y justas, pero que pocos, muy pocos han acertado, sin embargo todavía nos empeñamos en querer definir la causa y la razón por la cual apenas un rasgo, apenas una forma, una sombra o un acento son diferentes a otros. Íntimos en buscar la diferencia de los valores y el misterio que califica esas diferencias en lo cual consiste lo bello, la belleza. Insistimos tercamente en querer explicar el valor de ciertas emociones y sentimientos de la sensibilidad humana dirigidas a percibir y captar las mas finas fibras que existen en nosotros, las cuales, tampoco están destinadas a ser sentidas ni percibidas por otros. Dentro de todo ese misterioso sentimiento indefinido de lo que es la belleza, de esa indefinición y de su creación, desde hace ya tiempo Verlaine había acertado a explicar que ella existe: “et sans savoir pourquoi”, como siempre ha ocurrido y como siempre ocurre “sin saber porqué”, dentro del proceso que se crea frente a la pregunta de la obra de Carlos Cabeza. Cuál es esa materia plástica, cuál es esa emoción y ese misterio que tanto provoca nuestra atracción y que tanto produce en nosotros el deseo constante de mirarla, de mirar la inmaterialidad de una abstracción que nos ata, aunque no sepamos explicar lo que miramos, a pesar de mirar las extrañas substancias de la materia del talento que el artista ha puesto en crear y en construir esas imagene, esas figuras que son como realidades abstractas de presencias llenas de sensaciones, de substancias de colores y de armonias que atrapan nuestra vida y quedamos mirando fijamente toda esa belleza, presentadas en la forma del misterioso encanto de líneas, temperaturas y ambientes, que a veces parecen nacer de utensilios de viejos alquimistas, como embudos necrománticos, envases de bronce, astrolabios de humo, los cuales en el curso del relato que el artista crea se vuelven episodios de oro que se deshacen en recuerdos de lo que fue la realidad de una forma, para perder su sentido y su identidad y no ser mas ella, para volverse, en cambio, vibrantes encarnaciones de manchas y de atmosferas que viven en la substancia de lo que el pintor ha dicho en el cautivante discurso de su lienzo, produciéndose entonces la figura de una imagen de sorprendente realismo que nos llama y nos atrae, que detiene nuestra atención y que luego habremos de descubrir su verdadera voz y el misterio de sus formas que han de quedar, día tras día, en nuestra mente.El ambiente y la escena que construye Cabeza tienen elementos de interioridades y de intimidades que evocan etapas históricas donde encontramos ciertas semejanzas medioevales de profundos estados de relatos antiguos parecidos a los grabados que hemos visto de los clásicos como Durero, de tenebrosos ambientes donde aparecen objetos, signos, letras y formas mágicas y que en el caso de nuestro artista logran construir ambientaciones dentro del espacio de sus telas que parecerían extrañas si no es que son de extraordinaria riqueza imaginativa donde encontramos como un regreso a la medida humana del espacio, a su dimensión, en el relato pictórico que atrae con fuerza y que permite entablar un dialogo visual en medio de estados sensibles, como casi olvidados, como de perfumes de amaranto y de sonoridades extrañas. En la obra de Carlos Cabeza la tela a veces parece un rico tapiz resucitado de un beaterio flamenco, adornado de objetos, de embudos, como de plantas tiernas, de letras, de signos hundidos en la gruesa trama del lienzo a la manera del buril que hiere el rojo cobre para ver nacer el grabado. Así de esa misma manera es el gesto de Cabeza en la imagen del relato de sus ambientes, tomando su instrumento como erizado de espinas las que van dejando sus huellas y sus dentilladas con violencia de salamandra medioeval. Fuertes, esplendidos gestos de diseños que buscan decir un cuento donde los grises, sepias y blancos, templados por la alquimia y el animo, logran crear un misterioso escenario de visión sorprendente que nos atrae profundamente. Es todo un escenario pictórico compuesto de abstracciones, vueltas formas, que llegan, ellas, como por encanto, a volverse en irrealidades figurativas..Pero tú, lector, tendrás, así mismo, tu propio cuadro que será el tuyo y mucho mas vivo y elocuente que el de quien sea. Y el tuyo será siempre el mejor, como debe ser y que así siempre sea.ALFREDO BOULTON , who was for many years a member of The International Council of The Museum of Modern Art..