El artista conectado con el paradigma de la inteligencia colectiva sólo puede ser uno que promueva la creación colectiva, y que esa dimensión, la colectiva, vincula directamente al arte con las dimensiones social y política; es decir, proponer creación colectiva como modo auténtico de hacer arte hoy en día implica un cierto compromiso social y político, como veremos más adelante, cuando hable de las viabilidades del proyecto de la inteligencia colectiva.
Según Casacuberta, lo realmente revolucionario de la revolución digital no es ni lo multimedial, ni lo interactivo, ni lo hipertextual, sino lo colectivo:
El centro de la cultura ha dejado de ser el autor, el artista, para pasar al espectador. Las obras culturales de la cultura digital ya no se construyen de forma individual, solipsista, sino de forma colectiva, organizada. El artista deja de ser creador en stricto sensu para convertirse en productor. El artista desarrolla una herramienta que luego será el público el que use, desarrolle y difunda, según sus intereses, que no tienen por qué coincidir ni estar influenciados por la voluntad original del artista. (2003, p. 60)
Además, Casacuberta dilucida varias características del arte digital colectivo. Por ejemplo, frente a la idea de que no todo el mundo tiene cosas que expresar por medio del arte, o gracia para hacerlo, afirma:
Todo el mundo tiene cosas que decir. El arte es comunicación, expresión de sentimientos. Y cada uno tiene los suyos y nadie los tiene superiores. Me parece que la labor del artista es precisamente dar unos medios expresivos con los que todos podamos ser artistas en ese sentido de dar a conocer nuestra opinión y expresar nuestros sentimientos [...] llevamos cientos de años con el modelo tradicional de artista genial y público que no tiene otra función que mirar y escuchar y quedarse con la boca abierta. ¡Vamos a democratizar el arte! Todos tenemos cosas que decir. (2003, pp. 108-109)
Finalmente, Casacuberta selecciona y describe varios proyectos de cultura colectiva y nos ofrece un interesante decálogo de la creación colectiva, cuya enunciación es la que sigue:
1) No tomarás los nombres de los estilos en vano.
2) Crearás tecnologías con objetivos definidos y fáciles de usar.
3) Ajustarás tus referencias al público al que va dirigida tu propuesta.
4) Trabajarás con filosofía GNU20.
5) Evita el estereotipo de líder de opinión.
6) Evita la trascendentalización no justificada.
7) No ensalzarás lo anodino.
8) No tendrás falsos profetas del mundo digital.
9) Honrarás a la auténtica programación.
Para Casacuberta, el futuro del arte es, definitivamente, el de la creación colectiva, mediante la cual se podrá desarrollar la auténtica interactividad: una participación real del público y una real contribución a la democratización. Surgirán nuevas características y figuras. Así, se producirá un nuevo tipo de público, uno interesado no en adquirir productos acabados, sino software que le permita crear sus propias composiciones: el público de la creación colectiva. Así, surgirá también una nueva figura: la del selector de contenidos. Habrá también nuevos modos de propiedad intelectual.