la música suena fuerte, son las cuatro de la mañana y castaña ya se acostumbró al retumbar de los parlantes y cómo hacen temblar el piso. todas las noches que la disco abre, shani está ahí. elías sabe que es la dueña; quizás piensa que tiene que supervisar, o se dio cuenta que le gustan mucho las pastillas, pero nunca le dice que las reiteradas veces que desaparece a lo largo de la noche es porque tiene que vender. tampoco prueba nada más que alcohol adelante suyo, no le gusta que la vean consumiendo. en estado de euforia se deja llevar, cuando está sobria es mucho más cerrada. le transpira la frente pero el delineado neón sigue intacto y aparece prácticamente dando brincos, agitada: “ hay que seguir la noche en mi piso, ” se lo propone al castaño y a todos los que están ahí presentes, pero la mayoría la ignora. no se entera, está en plena subida, no existen más que risas en ese momento. “ elías, ¿me escuchaste? ” le va a insistir, incluso le tironea de la manga de la remera. ya vio a su hermana a los besos con alguien más, seguro se vaya a dormir a otro lado. a ella no le interesa eso ni un poco, nunca quiere terminar entre sábanas de nadie. su única intención en ese momento es seguir sintiéndose así de bien, extender un poco más el efecto, postergar lo mal que se siente cada mañana siguiente. ( @ccuervos )