Las Tierras de la Tormenta
Población
Se dice de los habitantes de las Tierras de las Tormentas que son como su clima: tumultuoso, violento, implacable e imprevisible. Y a decir verdad, es un buen resumen. Tierra de guerreros y marineros feroces; de cazadores y ganaderos resilientes; de curanderas y agricultores sabios… Los tormenteños están hechos de una pasta especial, sin duda alguna.
A las gentes de esta zona les gusta muchísimo retroceder en el tiempo para hablar de sus raíces. Mientras que los habitantes del pueblo llano gustan de proclamarse herederos del antiguo rey tormenteño, Ronard Tormenta —un auténtico promiscuo—; los nobles afirman que la gran altura de los tormenteños proviene de los antiguos gigantes que poblaron una vez las montañas, su sabiduría de los Hijos del Bosque y sus cabellos fuertes y generalmente oscuros, de Durran Pesardedioses.
De los Targaryen se relata que los dioses lanzan una moneda para definir si caen o no en el lado de la excepción o de la locura. Podría decirse que algo parecido ocurre cuando nace un tormenteño. Las mujeres más ancianas, las verdaderas portadoras de la historia y la sabiduría de estas tierras, señalan a los niños y las niñas como hijos del Dios del Mar o de la Diosa del Aire. Los niños del agua, como los llaman comúnmente, son los tormenteños extrovertidos, a los que le gusta la buena vida, la caza, la juerga y el sexo, que no dudan en fanfarronear y que usan el patio de armas tanto como la bodega. Aquellos a los que las incesantes lluvias no les supone un impedimento para sonreír y bromear. Es fácil encontrar a los hijos del Dios del Mar entre los grandes señores y los antiguos lores y reyes, como Ronard Tormenta o Lyonel Baratheon. Los niños del aire, por otro lado, son los menos, pero igual de característicos. Hombres y mujeres serios, de justicia férrea y deseos ocultos. No se les debe juzgar con ligereza porque no sean los primeros en reír, en brindar o en salir a bailar en mitad de El Loco. Estos tormenteños del aire son tan imprevisibles e implacables como la Diosa del Aire.
Físicamente no solo les marca la altura y el espesor de sus cabellos, aunque sí es cierto que no son tan homogéneos como unos pudieran pensar. Los tormenteños no pueden definirse sin sus fronteras: aquellos del norte, que llegaron incluso a poblar Foso Cailin, son de las gentes de pieles, cabellos y ojos más claros; y los tormenteños de más al sur, los que colindan con el Dominio y, sobre todo, Dorne, poseen rasgos más aceitunados. Esto por supuesto, también se debe a su geografía, siendo las costas que dan al mar de Dorne más soleadas que aquellas cercanas a la capital.
Por último, si se quiere estar seguro de que se está ante un tormenteño, no hace falta más que escucharles hablar. El acento de esta tierra se caracteriza por el ímpetu de sus oclusivas, la fuerza de sus fricativas, y por su acento tónico que recae normalmente en la última sílaba, también en los nombres propios. Además, aún quedan vestigios de dos de las lenguas que debían hablarse antes del desarrollo de la lengua común. El primero es la frecuencia de uso de sufijos, debido a que su antecesora se trataba de una lengua aglutinante. La segunda es la lengua de pájaro que aún se utiliza en los profundos valles cerca de la cadena montañosa de las Marcas. Esta lengua silbada permite conversar a distancias de 5 kilómetros y era de enorme ayuda en época de guerrillas.
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