No podía permitirse pensar tanto, sin embargo, se aprovechaba de la situación cuando Charles estaba sumido en un profundo sueño. Siempre despertaba más temprano cuando pasaba la noche junto al famoso psíquico (a no ser que el profesor se desprendiera de sus constantes pesadillas mientras él dormía), y esa ventaja era algo que tomaba para evaluar la situación actual o la pasada o la futura, con el pasar de los años todo se había convertido en el mismo lío. Una vez decidió lo prudente, palmeó la espalda desnuda de su contrario en un roce similar al de una caricia (de aquellas que le dedicaba solamente en la intimidad). “¿Vas a estar todo el día durmiendo? Tienes como noventa clases que dar,” chasqueó su lengua, bloqueando cualquier tipo de emoción que su cerebro quisiera revelar; era sencillo para él, de alguna forma había aprendido a ocultar esa zona de sentimientos más personal de cualquiera que quisiera entrar. “Voy a tomar las clases de Logan hasta que regrese de… ¿Dónde diablos dijiste que andaba? Bueno, de ahí mismo. Más vale que no tarde o terminaré formando un súper ejército.” Y no mentía, no tenía para qué hacerlo.
El sueño llegaba a Charles de manera natural después de pasar la noche con Erik. Lo difícil llegaba al día siguiente. Usualmente se despertaba en una cama vacía, con las sábanas frías al otro lado, donde debería de descansar el cálido cuerpo del otro. No era algo raro, no se sorprendería de que esta vez fuera diferente. La sorpresa, al contrario, vino cuando el roce se hizo presente en su espalda y la presencia de Lehnsherr fue un hecho y no un simple sueño. Sus labios se curvaron de manera imperceptible en una sonrisa. ---Suena a un buen plan,--- respondió, con la voz afectada por el desuso que otorgan horas de sueño, sin dignarse a abrir los ojos, no aún. ---¿Puedes dejar de pensar en eso por un segundo y callarte? Estoy intentando dormir,--- pidió dejando la posición de lado que había adoptado inconscientemente, antes de dejar caer su espalda en el colchón, quedando con el rostro hacia arriba, sus párpados cerrados y su respiración controlada. Pasaron un par de segundos sin que dijera nada, y cualquiera podría haber pensado que había vuelto a caer en los brazos de Morfeo, cuando su pensamiento se hizo presente en la mente ajena. “Pensé que te habrías ido.” Algunas cosas eran mejor siendo pensadas que pronunciadas.