@pand0rica
“Tenemos un rehén, tenemos un rehén”. Las palabras seguían repitiéndose en su cabeza sin parar. Desde el momento en que las había escuchado a través del radio que lo comunicaba con el resto de los rebeldes, su corazón había latido con fuerza, la anticipación se había apoderado de su cuerpo y era bombeada a su cuerpo con rapidez, al igual que la adrenalina, la sensación inevitable de una victoria que estaba próxima. Habían tenido un par de bajas para poder lograrlo, pero había valido la pena. Todas aquellas vidas perdidas de fieles rebeldes no eran más que un medio para conseguir lo que querían. Tenían que llegar a una de las seleccionadas o ex-seleccionadas. Daba igual quién fuera, siempre y cuando fuera alguien de importancia para el pueblo de Illéa o para alguno de los príncipes. No sabía aún de quién se trataba, pero ya iba pensando en unos cuantos nombres: tal vez en Zahara, tal vez eran Samia o Annika. A todas las conocía bien, había tenido tiempo de observarlas, de cuidar de sus movimientos como si en realidad le importaran.
Sus pasos firmes lo transportaban al cuarto de seguridad que tenían, una fortaleza si se le quería considerar de aquella forma. No había manera de salir de allí, y entrar... Bueno, también sería bastante difícil. Los dos sujetos que resguardaban la puerta ni siquiera hicieron preguntas cuando el general Ward apareció frente a ellos; la puerta fue abierta casi de manera inmediata y el pelinegro se adentró en la habitación. De haber sido más expresivo, la sorpresa hubiera impregnado sus masculinas facciones, pero apenas y frunció el ceño sutilmente al ver de quién se trataba. ---Nada mal, nada mal,--- admitió, barriendo con la mirada a la bonita castaña que se encontraba frente a él, atada a aquella pesada silla. ---Creo que puedo hacer algo útil con ella,--- de repente, ya no era parte de un “podemos”, ni de un “nosotros”. De la nada, el asunto había tomado un tinte personal que no sabía de dónde provenía.













