Caracterizada por hipersociabilidad y limitaciones cognitivas, la enfermedad de Williams es uno de esos trastornos del neurodesarrollo para los que no hay pistas claras de sus causas, ni candidatos genéticos. Hace un par de días, un artículo del tailandés Thanathom Chailangkarn en Nature reúne un equipo internacional de colaboradores para ofrecer un gen candidato: un receptor de la familia Frizzled
Lo que el equipo hace es primero seleccionar pacientes de Williams y compararlos con sujetos control. Confirman el diagnóstico con herramientas cognitivas y moleculares. Luego, utilizan células de la pulpa dentaria (sí, adentro de tu diente hay un nicho de células troncales) y las re-programan para diferenciarse como neuronas, y hacer en ellas tanto análisis genéticos, como morfológicos y funcionales.
Se dan cuenta de que hay anomalías genéticas comunes, que pueden ofrecer como buen candidato al gen FZD9. Lo interesante no es solo que eliminar ese gen produce algunos de los síntomas celulares de Williams, sino que además devolver artificialmente ese gen a las células, recupera en ellas la función. En seguida, con las células troncales diferenciadas en neuronas, los científicos de este grupo son capaces de describir algunos cambios de forma (extensión desmesurada de las dendritas en ciertas zonas del cerebro) y de conectividad que caracterizarían a la enfermedad de Williams, lo cual es confirmado por un análisis post-mortem del cerebro de pacientes.
A partir de este trabajo se abren muchas preguntas, respecto a otros sistemas genéticos que podrían producir las mismas características celulares y por lo tanto los mismos síntomas cognitivos, el modo como el ambiente modela los circuitos neuronales para limitar o permitir funciones complejas como la memoria, la orientación o la sociabilidad. Por supuesto, no pueden dejar de rondar las preguntas éticas: en la medida que identifiquemos anomalías genéticas en la base de algunas limitantes condiciones del neurodesarrollo, ¿querremos evitarlas, corregirlas, curarlas?
Cítalo: Chailangkarn, T. (2016). Nature. doi:10.1038/nature19067













