Me propuse dejar de escribir cosas triste porque, digo: ¿a quién le interesa leer el dolor ajeno si a quién te hirió le importa una mierda?
Es absurdo.
A veces pienso en todo aquello que dejas para que algo funcione y no funciona, y te esfuerzas y ya no recibes nada. Pero así es la vida, ¿no? Llena de baches y altibajos de los que tardas más en salir que en hundirte.
Una vez me lastimaron tanto que me miraba a mi misma llorando en una esquina pidiendo que por favor pararan, porque ya no podía, porque duele ver que quién decidió protegerte un día bajó su escudo y te atacó con él. Nunca entenderé a las personas.
Así que dejé de escribir cosas tristes y con ello, sólo dejé de escribir, pero hay momentos en que todavía digo algo, y aunque ya no sea estético, digo algo.














