Cheyre: un conchesumadre en libertad
Durante muchos años el caso de los 15 prisioneros fusilados en La Serena, más conocido como Caravana de la Muerte, no suscitó mayor revuelo mediático debido a que no constituye un crimen la sentencia dictada por tribunales militares, sin embargo, resultado de una investigación judicial a cargo del juez Carroza, se comprueba que los prisioneros no fueron llevados a juicio y que en conclusión se trataría de un crimen. Entre los nombres que figuran como autores y cómplices está el de Cheyre, que supo mantener el pacto de silencio y lealtad que le juró a Pinochet en un documento que ya forma parte del expediente de la investigación, en la que aparecen su firma y la de otros generales. Sin embargo, no es lo único que supo hacer, Cheyre se camufló en esta falsa democracía, concluyo que su estrategia comienza en mayo de 1996 cuando con el socialista Álvaro Briones organizan un seminario de “transición a la democracia”, clave para conciliar la relación con las fuerzas armadas, iniciativa que se concretaría como el punto de partida de una estrategia y alianza con uno de los asistentes a dicho evento, Ricardo Lagos, que se convertiría en candidato presidencial y posteriormente en presidente, el segundo socialista en llegar La Moneda después de Allende.
Es comprensible que la oposición en dictadura no es una obligación legal, pero nada excusa su silencio durante y después de la “transición” a la democracía. El momento más cómodo fue en el gobierno de Lagos, cuando en el año 2001 fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército, mismo año en el que Cheyre y una comitiva de militares visitan a Pinochet a la parcela de Los Boldos, su casa favorita, con el objetivo de convencerlo para que se sometiera a los procedimientos judiciales que enfrentaba el dictador.
Años después Cheyre se encargaría de condimentar el “gobierno bienhechor” de Lagos, escribiendo una carta institucional que pasaría a la historia de nuestro país por su petición de “nunca más” violencia política; documento que en términos prácticos le ha servido de aval más a él que a la relación cívico-militar. Probablemente se le atribuyen créditos de dicha escritura al gobierno de Lagos, o al menos se le vincula, lo que naturalmente le sirve de ornamento al ex presidente. Tal vez sea esa una de las tantas razones por las que se ha encargado de blindar a Cheyre, quien por la responsabilidad de mando que ostentaba en el 2005, cortesía de Lagos, la Tragedia de Antuco evidentemente le pudo costar su carrera.
Me molesta profundamente que, como menciono anteriormente, Cheyre se siga camuflando, teniendo concretamente la oportunidad de librarse de los cargos junto a otros procesados, entre los que destaca el asesino Ariosto Lapostol, gozando hoy de la libertad que les concede el pago de un fianza de un millón de pesos, porque el Código Penal tiene esa flexibilidad de armarse y desarmarse por la ambivalencia de sus puntos.
Me molesta que a este conchesumadre le laven la imagen sus mismos amigos que trabajan para El Mercurio y La Segunda, empezando por el dueño, el más grande encubridor e instigador del golpe, Edwards, que se encarga de blanquear la imagen de Cheyre publicando una carta que redacta Briones (sí, el íntimo de Cheyre) apuntando que condenarlo es una sanción motivada por fines políticos ajenos a la realidad, apelando al recuerdo, a no olvidar lo que hizo como comandante del país…Un romanticismo que ya se lo hubiese querido Bécquer, sólo le faltaba describir la capa para imaginarlo como un verdadero superhéroe.
Me molesta que no haya justicia para esas 59 personas, porque procesar a Cheyre no significa justicia sólo para los 15 fusilados, es al mismo tiempo un saldo que debe pagar por los 44 conscriptos fallecidos en Antuco, la gran deuda que dejó el gobierno de Lagos.