La carta para David.
Cada chico que me ha gustado ha sido inspiración para escribir un poema. En ellos hablo sobre lo enamorada que estoy, de lo guapos que me parecen y de lo increíbles que me parecen. Me es de más mencionar que ellos no saben la existencia de dichos poemas. Digo, me he creado un perfil anónimo para publicar lo que escribo y cada que me presento uso la siguiente frase: “Call me Nu Num, la chica cobarde”.
No les voy a mentir, no es como que nunca en la vida haya mostrado uno de esos poemas a esos de los chicos de los que hablo, porque sí, sí lo he hecho. Llámenlo valentía o estupidez. Tampoco me crean tan atrevida, cortaba las partes más intensas. Si los llegue a mostrar no fueron completos, se notaba que estaba enamorada pero tampoco tan enamorada, ustedes entienden.
Lo que sí nunca había hecho antes y me atreví a hacer es escribir una carta explicando porque escribí lo que les escribí y que era eso que les escribí. Que osadía la mía. Ahora les presento la carta para David.
Con David sentí la necesidad de mostrarle que significaba ser una inspiración para un escritor, así que en una de las noches en las que no podía dormir comencé.
“David:
¿Has comenzado a leer esto con mi voz, con la tuya o con una cualquiera que decidió crear tu mente? Espero que estés usando la mía y sino hazlo por favor, incluya la risa fea con la que fui bendecida. Finjamos que estamos teniendo una conversación en la que no participaras.”
Esa carta empezó a ser escrita para ayudar a desahogarme. El peso que cargaba con mis emociones aumentaba y necesitaba librarme de ellos. Dije tantas cosas vergonzosas que no se le confiesa a cualquiera. La razón fue que a pesar de que esa carta era para David, no era de David. Era mía y si nunca la enviaba, él nunca leería todas esas cosas que me provocaban timidez si de confesarlas se trataba. Dicho lo anterior se puede entender porque me explaye, se puede entender porque abrí mi mente y corazón sin miedo a ser juzgada.
Cuando terminé la edite y reedite más de diez veces. Procuré que estuviera perfecta y no me faltara nada para confesar. En el momento que sentí era tiempo para finalizar mi dilema favorito apareció. ¿Debería mostrarsela? No la escribí para nada. Soy escritora , estoy para que me lean.
Haciendo una lista mental de los pros y contras que conseguiría al entregarla tomé mi decisión. Fue ahí cuando la carta para David se convirtió en la carta de David . Nuevamente que osadía la mía.
Una vez que se enteró de la existencia de la carta, la cual estaba conformada por siete estúpidas páginas, no hubo vuelta atrás. Le hice saber que si después de leerla no tenía nada para decir estaba bien, si tenía algo bueno para decir estaba bien, pero que si tenía algo malo para decir que mejor no me lo hiciera conocer. Yo me entregue en esa carta, no quería que se burlara de mí o algo por el estilo. Se la daba de todo corazón y si iba a recibir algo malo prefería quedarme sin respuesta.
Con total nerviosismo y mucho miedo la envíe. Él la vio al instante, asegurándose de que no hubiera tiempo para poder arrepentirme y borrar aquel mensaje. Maldito, el muy maldito no me dio oportunidad. David si estás leyendo esto, sé sincero, ¿estabas al pendiente porque sabías que iba arrepentirme y borrar el mensaje o porque estabas tan intrigado con lo que te había escrito? Creo que la segunda.
David no es alguien malo por si eso les di a entender. En realidad siento que es alguien sumamente noble, no se burlaría de los poemas que una estúpida escritora enamorada escribió para él, al menos no en mi cara. Sí, es arrogante y un ególatra, pero es parte de nuestra amistad, a mí me tocó el papel de la loca negativa exagerada. No es que esperara lo peor de él, es sólo que sería la primera vez que conocería a Nu Num al descubierto.
Su respuesta fue buena, recibí varios mensajes de voz donde me dijo cosas muy bonitas, cosas que nunca olvidaré y cada que me encuentre triste recordaré. No pude obtener algo mejor.
Se burló un poco de lo que escribí, no de los escritos, de las razones por las que los escribí. Era obvio, les dije, arrogante y ególatra. Pero nada exagerado, repito, sólo cumplió con su papel de nuestra amistad.
Me confesó que era lo más bonito que alguien le había hecho hasta el momento y estaba demasiado agradecido conmigo por eso. Que la guardaría y cada que se sintiera triste la reeleria. Que me quería mucho y esperaba que nuestra amistad siguiera intacta con el paso de los años.
Dijo más cosas pero esas fueron las que más me llegaron.
Esa carta la escribí cuando sentía algo por él y la envíe cuando ya no era así. No se confundan, lo quiero y aprecio pero ahora lo veo como amigo y está todo bien.
Cuento esto porque es la primera vez que alguien me leyó, que me conoció a profundidad y no se burló. Y eso es lo mejor que me pudo haber pasado.
Y he aquí presumiendo la carta que David, sin intenciones, escribió para mí.
¿Para ustedes cuál es su carta de David?
















