No me creas.
No me creas. He estado pensando mucho en ti. En todo lo que pasamos juntos, en todos los momentos que conseguimos vivir juntos apesar de la incertidumbre y el temor. Ese que nos abordaba cada vez que uno comenzaba a hablar, cuando las miradas se comenzaban a desviar, cuando los temas de conversación comenzaba a escacear.
No me creas. Tengo que confesarte que siempre me quedé con ganas de más. Pero yo sentía que lo que te daba nunca iba a poderte ser suficiente. Que yo no estaba listo para darlo todo y tú eras una de esas personas por las que había que darlo todo a cada día, a cada momento. No me podía dar el lujo de desperdiciarte y al mismo tiempo romperte como los que estuvieron antes que yo.
No me creas. Tú me encantas. Aún después de todo mi temor, mi dolor, mis miedos, mis errores y mi estúpida complejidad sentimental, me sigues encantando. Por ti, volví a regalar rosas; por ti, volvía a sonreírle al espejo; por ti, me volvía a colocar aquella camisa gris... Yo quería ser una mejor persona, en cada uno de los aspectos en que antes te fallaron, por ti. Yo quise ser lo que nunca había sido nadie para ti y así ganarte, adorarte y hacerte feliz.
No me creas. Todavía pienso en ti al mirar el rojo carmín. El dulce amarillo entintado con naranja de los amaneceres. Los rubios rulos del sol de abril. Tú me sigues recordando un tiempo mejor. Donde tuve ganas de andar. Donde cada día quería hacer algo para podertelo contar. Sigo soñando con poderte besar, lo admito.
No me creas. He estado planeando el momento correcto para decirte esto, y no lo encuentro. No hallo un instante en cual poder liberarme, liberarnos. Decirte: ‘Sé que tú sientes lo mismo’. ‘Sé que no te soy indiferente y que pudimos... sin miedos de por medio, ser algo más.’ Y luego, recuerdo que tú ya eres feliz con alguien más. Que yo ya soy feliz con alguien más. Me sociego en mis adentros y dejo de pensar.
No me creas pero te extraño. Te quiero. Te anhelo. Y creo que deberías saberlo. Me he prohibido a mí mismo decirte cosas bellas, ponerte incómoda, alegrarte el día pero dejarte sin palabras. He decidido no hacer lo que te encanta. No obtener de ti lo que más me gusta. El bochorno. Todo ello lo he hecho por nosotros. Para no mover más las hojas... para dejar morir lo nuestro por un bien común. Dejé de ser orgulloso, de escribir poemas, detuve mi mano y me entregué a la banalidad. Detuve mi corazón... pero él sin latir, sigue teniendo tu nombre tatuado. Como una herida que no sabe cerrarse, que duele bonito, que arde sinceramente... una enfermedad de la cual no me quiero curar.
No me creas. Pero esto lo hice con tan solo volver a pensar un par de minutos en ti. No te imaginas lo que ambos pudimos crear de habernos dejado amar.
J. Valera.













