“Ya sabes, te deseo lo mejor siempre”
Fueron las últimas palabras en ese mensaje que te envíe y que ahora me hace temblar. Hace tanto tiempo que no escribía en tu chat, que no te imaginaba leyendo mis palabras y a decir verdad, este temblor en todo mi cuerpo se siente más como una mezcla de pasado, presente y futuro, es como si estuviera abrazando muy fuerte a esa Carmen de hace unos años y por fin, después de tanto años la estuviera realmente perdonando.
Soltarte, dejar ir una etapa de mi vida con ese mensaje que te acabo de enviar se siente como por fin comenzar una cosa muy mía. Porque es cierto, los enojos y corajes ayudan a poner límites y a conocerse más, pero cuando los dejas ir, cuando ya sólo no tienen más lugar en tu vida es cuando se siente que se dan pasos grandes hacia delante.
A veces te recuerdo como mi ex pareja, mi ex amigo, como la persona con la que compartí mucho y por supuesto también te recuerdo con esas cosas amargas que viví a tu lado. Es sólo que llevaba un rato sintiendo que el coraje que sentía estaba estorbándome mentalmente, y el fin de semana cuando preguntaron por ti de la nada, me di cuenta que era momento de dejar ir esa etapa de mi vida, con todo y sus matices que ayudaron a fertilizar el terreno para ser la mujer en la que hoy me he convertido.
Las personas dicen que un duelo tienen muchas etapas y ni siquiera estoy segura que esta sea una de ese proceso, pero algo me hace sentir que esto tenía que pasar, ni siquiera por ti, sino por mí, algo tenía que devolverme con esto. Y tal vez es un poco egoísta hacerlo en tu cumpleaños, pero no lo pensé más en otro momento y bueno, qué mejor que sólo hacerlo y ya. Ahora pienso más mí.
Como sea, me gusta pensar que hoy, en un 22 como solía suceder contigo y conmigo, un ciclo se cierra. Gracias por lo que tú aportaste a ello.