—Níl mé in ann a chreidiúint* !— Exclamó sobresaltada, cuán soldado que responde ante su capitán, tan pronto como Rhiannon reclamó su atención. Miró después, y por el rabillo del ojo, el anillo de las Vaughan y Cloda se mordió el interior de la mejilla. Era precioso, pero más el motivo por el que Morrigan lo tenía. Decidió no compartir sus pensamientos en voz alta, pues quería mostrarse firme en su posición pese a que hubiese comenzado a dudar un poco. Al final, suspiró con un aire derrotista mientras tomaba la mano libre de Morrigan. —Sé que he llegado la última a Londres y que no conozco a Pádraig Vaughan tanto como vosotras. Pero te conozco a ti, Morrigan, y sé que eres inteligente. Y que no te dejas engañar fácilmente. Rhia y yo solo queremos que estés bien.— Porque por encima de todo eran amigas, y eso no iba a cambiar.
Cloda FitzGerald














