Los gemidos salían de entre sus labios, gemidos que salían desde su subconsciente aún dormido. La cobriza no era capaz de saber lo que sucedía hasta que un calor desbordante golpeó su cuerpo, despertándola de uno de los más excitantes sueños alguna vez en su cabeza. Ahí fue cuando sus ojos se abrieron levemente y pudieron notar a una figura sobre ella, dentro de ella. Gemía igual o más, deleitándose con su anatomía que parecía completamente entregada a ese placer que logró encender cada uno de sus sentidos. Un quejido de placer salió de sus rojizos labios, resonando en la habitación que ahora parecía más densa a causa de la humedad. Sus manos se dirigieron a la cintura de la otra persona y sus piernas se abrieron más, buscando todo el placer posible de aquello. Quería más, ahora que había despertado, quería muchísimo más.