Volver a casa recargaita de energía positiva. (en Barbate, Spain)



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Volver a casa recargaita de energía positiva. (en Barbate, Spain)
Jodida pero contenta
Dublín 2017 🍀
Cuando te pillan comiendo hummus y lo flipas. Picture by Miriam Sánchez M. Photography (en tumbrl @destellosdeutopia)
Hoy es uno de esos días que después de un fiestón (pero no tengo resaca eh, que casi no bebí) te pones filosófico/a.
No sé cómo pasaron ustedes la adolescencia, pero os aseguro que aquí, en este pequeño rincón al sur del sur y viviendo en un pueblo con muchas zonas marginales el break beat y la chavalería de 13 a 20 pocos años eran dos elementos que estaban intrínsecamente ligados entre sí. Era como un tipo de subcultura que nos absorbía a todxs y a pesar de las diferencias de edad nos unía en un macrobotellón (cuando se podía beber en la calle y esas leyendas urbanas) en el que nos reuníamos no solamente para ponernos hasta el culo de ron negrita con coca cola (con lo que empezamos a beber casi todas las niñas de la pandilla) o drogas blandas o duras (quien pudiera costearlas y quien las consumiese claro está) sino también para charlar y reunirnos, para evadirnos del instituto, de nuestros quehaceres. Lástima que a los quince empecé a salir con mi primer novio (demasiado pronto). Quiera que no esas alas de libertad que sentía con mis amigas se me cortaron y ya la cosa cambió...bueno, otra vivencia más que tenemos las chicas y los chicos en casi todas las partes del mundo, los novios de instituto y esos amores tan tóxicos y asquerosamente machistas dignos de Física o Química. Pero esa experiencia que nos llevamos. Y yo seguía entrando al botellón, seguía oliendo a polen y la gente bailaba frenética hasta el culo de M y de speed. Y yo me sentía como en casa por muy extraño que pareciese. Veía a mis amigas bebiendo, felices. Y yo con una mierda de cartucho de patatas fritas moviendo la cabeza y flipando con el ambiente.
Recuerdo los coches aparcados con los subwoofers a toda hostia, Deekline, The Prodigy, Dj Rasco a tope, remixes que no parábamos de bailar y canciones pinchadas que, de una manera u otra, se quedan grabadas en la mente. Ahora con casi 25 años las recuerdo con especial cariño. Es una parte de mi adolescencia que no reniego y que en el fondo sigo llevando un poco por dentro. En el fondo, algunxs de nosotrxs todavía tenemos esa esencia tan primitiva y un poco “cani”.
Anoche lo reviví saltando sin parar y bailando break beat. Me sentía catorceañera otra vez, recién salía del cascarón como quien dice, tan chica y tan impropia con ese cubata de ron negrita que apestaba a perros muertos. Y lo más importante, con la gente de siempre. Con los antiguxs treceañerxs que ya rozamos el cuarto de siglo y aquellxs que han alcanzado la treintena. Pero el espíritu joven sigue. Seguimos haciendo ruido, hasta enmudecer.
Cuando yo me muera quiero que me entierren con esta canción y que hagan un fiestón del carajo con break beat. ARRIBA BARBATEEEEEE!!!!
Esos momentos en los que, por una parte, quieres irte fuera, bicheá y rastreá mundo y por otra hay un impulso dentro de ti que te dice "carajo con lo bien que estoy yo aquí en el sur y allá arriba nomevantendé ni su puta mare, ni vi tené mi playa y tendré que hipotecarme mi vida". Pues eso día tras día. Serán las oposiciones que me tienen chalá, ya ni er viento, cohone.
¿HAY ALGO QUE PUEDA PONER EL CUERPO MÁS MALO QUE EL CAPÍTULO 10 DE LA CUARTA TEMPORADA DE VIKINGS? SU PUTA MARE.