Julio Verne imaginó avances tecnológicos que se adelantaron varios decenios, incluso siglos, a su invención y posterior utilización como el submarino moderno o el cohete espacial.
El submarino Nautilus de la novela “20.000 leguas de viaje submarino” escrita en 1871, era propulsado por un motor eléctrico alimentado por baterías de sodio (extraído del agua del mar) y mercurio. El primer submarino eléctrico, inventado por el científico, marino y militar Isaac Peral, data de 1888.
El proyectil tripulado de la novela “De la Tierra a la Luna” escrita en 1865, era un precursor de los cohetes espaciales del siglo XX, aunque propulsado por la pólvora del cañón Columbiad en lugar del combustible de los motores de propulsión a chorro.
En su capacidad visionaria Verne, fue incluso más allá y aventuró el aprovechamiento de recursos renovables como fuente de producción eléctrica, como en la novela “Viaje al centro de la Tierra” escrita en 1864; aunque no fue hasta 1904 cuando se genero electricidad a partir de vapor geotermico en la zona italiana de Larderello.
Llegando al máximo exponente de su pasión por la ciencia del futuro cuando en su novela “La Isla Misteriosa”, escrita en 1874, su protagonista, el ingeniero Cyrus Harding, se expresó en estos términos para predecir el uso del hidrógeno como vector energético:
"Sí, amigos míos, creo que algún día se empleará el agua como combustible, que el hidrógeno y el oxígeno de los que está formada, usados por separado o de forma conjunta, proporcionarán una fuente inagotable de luz y calor, de una intensidad de la que el carbón no es capaz [...] El agua será el carbón del futuro"
¿Puedes imaginar, como hizo el genio de Nantes, las innovaciones tecnológicas que se producirán en los próximos años?, ¿Qué avances mejorarán nuestra calidad de vida?, ¿Qué nos resultará imprescincible en el futuro?
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