“¿Sabes? Llevamos más de una hora merodeando por aquí, y nada. Cero tesoros.” bosteza, visiblemente aburrido. Sigue a la persona que lo acompaña, con una mano en su bolsillo, mientras recorre el paisaje con su vista, desganado. “¿Qué tal si simplemente nos vamos?” sugiere. “De seguro la fiesta ya comenzó allá”, rezonga.











