Las palabras de Becker comenzaban a tener un sentido: una energía negra, inmaterial e impalpable, invadía el universo, fluía a través de las mentes, infectaba y condicionaba los comportamientos de las personas.
Y aquellos como ellos, fuerzas opuestas y portadoras de luz, almas cándidas en las que se albergaba la pureza, eran los blancos más buscados.














