Como en un cuento del tío Creepy.
Imagina el lugar, un páramo yermo, inhóspito, en el cielo nubes de colores imposibles, viscosas, casi solidas, moviéndose en formas caóticas de terrible belleza, como las eternas tormentas de Júpiter.
Se oyen zumbidos eléctricos, similares al estridular de los grillos.
Multitud de insectos evolucionados se mueven de un lado a otro, vuelan, reptan, saltan o caminan sobre cientos de patas, los hay de infinidad de formas, colores y tamaños.
Es otra era, pero hace millones de años que no estamos aquí para darle nombre.
De entre todos los insectos visibles, una especie predomina, cuando salen de sus nidos los demás habitantes del erial huyen.
Son grandes, acorazados, toda su anatomía parece creada para resistir, para sobrevivir a cualquier circunstancia.
Son tan insectos como nosotros un día fuimos pequeños mamíferos arborícolas con cola.
Carecen de tecnología, sin embargo son seres inteligentes, poseen algo similar a nuestra consciencia, pero es colectiva. Se comunican entre ellos haciendo vibrar sus antenas, consiguiendo frecuencias con las que componen un lenguaje complejo.
Algunos especímenes están capacitados para almacenar gran cantidad de información, podría decirse que conocen la historia del planeta, al menos hasta cierto punto, sencillamente porque es útil para la supervivencia de la especie.
Y así todo lo que acometen, se hace por el bien común.
Saben de nuestra pasada existencia, cuentan que fuimos dioses, que estuvimos a punto de alcanzar las estrellas, pero al final convertimos el planeta en un infierno, desaparecimos y dio comienzo una nueva edad en la tierra.
Aquí y ahora.
Aquí y ahora va terminando la temporada de higos, que pena.
Aquí y ahora prefiero no escuchar las noticias durante unos días.











