Jéssica Quintero [@i_JessQuintero] - FRANJAZUL.TK [@FranjazulWeb] (8 de abril de 2013)
El siguiente es un artículo escrito para el proyecto de prensa digital www.franjazul.tk y fue publicado el 8 de abril de 2012.
“¡Nací con los dientes podridos!” dijo con toda la seguridad del caso
Jéssica Quintero
(Fotografía: Felipe Castellanos)
Fue una “dientes de lata” literal en la escuela. Con tan solo veinte años, acabaditos de cumplir, ha pasado por más cacharros que muchos de nosotros juntos. Ha sido la protagonista de sucesos especiales y llenos de peculiaridad durante toda su vida. Esta entrevista, por ejemplo, transcurrió en las entrañas del altiplano cundiboyacense, a orillas de la Laguna de Tota. Los bajos grados de temperatura me ayudaron a percibir su juventud, la que sigue marcada con los pequeños vestigios que deja la ternura de la infancia.
Nueva corresponsal de la Agencia Q, realizadora de Termómetro del balón, ganadora de un Premio Te Muestra a mejor crónica escrita con “El camino de los sueños… por el hueco”, y es estudiante de séptimo semestre de CSP. Saltando para alcanzar las estrellas (desde una peña cerca al lago), ella es Jéssica Quintero, el personaje del mes en Franjazul.
“¡Nací con los dientes podridos! Fueron los primeros cuatro del frente, en la parte superior. Cuando me empezaron a salir me salieron negros, entonces me pusieron un tratamiento con dientes de platino, eran dientes plateados y cuando empecé a estudiar todo el mundo me reconocía por eso. La novedad pasó hasta que se me cayeron, como todos los dientes de leche, y me crecieron estos. Eran la sensación y los tuve como hasta tercero de primaria.”
(Foto: archivo personal Jessica)
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Háblame de ti, cuéntame de tu vida.
Le voy a contar algo que mucha gente todavía pone en duda. Nací el 27 de febrero de 1993 en el Morristown Medical Center de New Jersey, Estados Unidos. Estoy registrada como neoyorkina; cuando yo digo que nací allá la gente a veces no me cree y me empiezan a preguntar cosas incomodas, como si fuera un ratón de laboratorio. Dicen que ¿por qué no vivo allá?, que ¿para qué me vine a Colombia? y que ¿cuándo me pienso devolver? Otras personas me creen con una vida llena de éxito porque nací en la Gran Manzana.
Incómodo y todo pero, ¿Por qué no se quedó?
Yo nací allá y a los tres meses mi mamá se regresó conmigo, era una situación muy complicada porque ellos se fueron a trabajar muy duro para poder traer un capital económico y vivir bien aquí. Yo fui planeada, mi papá quería tener un hijo; él se quedó un año y medio más en Estados Unidos. Llegué a vivir a Medellín y luego nos fuimos para Montenegro de donde es mi familia paterna.
Mi infancia fue muy difícil porque no tuve a mi papá conmigo, él fue inmigrante dos veces, cuando yo nací y después del terremoto de 1999. Fue en ese segundo viaje que él hizo en el que me inspiré para escribir la crónica “El camino de los sueños… por el hueco".
¿Cómo decidió escribir “El camino de los sueños… por el hueco”, la crónica de su papá?
En primer semestre, para Proficiencia en Español, había escrito algo similar pero más rudimentario, porque no tenía bases concretas ni sabía qué era lo que tenía que hacer para escribir una crónica. En ese momento teníamos que incluir tres visiones de personajes basándonos en el mismo tema. Como toda mi familia paterna ha sido migrante me basé en eso, incluí las historias de mis otros dos tíos pero la de mi papá era la central.
Años después, cuando llegué a prensa, el profesor nos dijo que teníamos que hacer una crónica, y mi primera opción fue escribirla de un compañero del colegio que se había ahogado en un rio, eso me impactó y afectó mucho. Luego me di cuenta de que tenía poquito tiempo para indagar bien y contar esa historia con los testimonios de los familiares más cercanos. Hablé con el profesor y le dije que si esa o la de mi papá, que él había sido inmigrante dos veces y que la segunda vez había sido muy difícil porque lo cogieron cruzando la frontera. Le tocó tal cual esa película, Paraíso Travel.
Entonces tomé como base lo que había escrito en primero, le dije a mi papá que me ayudara con eso y fue algo complicado porque a él no le gusta mucho hablar de ese tema. Para mí esa parte de su vida es motivo de orgullo y yo lo admiro porque fue un esfuerzo muy grande el que hizo. Mi mamá también fue una pieza clave porque mi papá no se acordaba de muchas cosas exactas y ella sí. Eso ayudó mucho, las llamadas cuando le contaron que mi papá había llegado a Estados Unidos pero que estaba en la cárcel, fechas, nombres de personas.
¿Su papá la leyó?
No. Mi relación con él no es muy buena, aunque hace poco pasamos mucho tiempo solos y ha ido mejorando. Él se preocupa por mí y me pregunta cómo voy en la universidad y esas cosas… sólo eso.
¿Cómo se sintió cuando ganó el premio?
Esa noche, cuando dijeron los nominados, había una voz que leía el primer párrafo de cada crónica, y cuando escuché el de la mía me emocioné mucho porque me di cuenta que era muy emotivo, y se escuchaba como si yo lo hubiera escrito con el sentimiento más grande. Vi que el público se conmovió tanto como yo y lloré recordando a mi papá. Cuando dijeron mi nombre como la ganadora, no me lo esperaba; empecé a llorar muchísimo más y lo que dije me salió muy natural. Quise mostrar esa realidad de todos los inmigrantes colombianos, no es simplemente irse y montarse en un avión, bajarse en México y montarse en un bus. Son cosas mucho más complicadas, e incluso enmarañadas, que eso.
Inmediatamente llamé a mi papá y le di las gracias porque sin él no habría sido posible escribirla, y me dijo que dejara de llorar y que estaba muy orgulloso, que ojalá eso me ayudara a darme cuenta que yo sí podía. Ese día me pasaron muchas cosas buenas, fue el día perfecto.
¿Tiene algún otro hombre de la vida?
Mi hermanito, él es como el motorcito de mi vida, se llama Juan Fernando y tiene 16 años. Es más alto que yo y muy flaco, muy flaco. Físicamente se parece mucho a mí. Él tiene autismo, algunas personas dicen que tiene un retardo cognitivo. Él es uno de los ejes de mi vida, mi motorcito.
¿Cómo supieron que Juan era autista?
Él era un niño fuera de sí. No hablaba absolutamente nada, sólo respondía que sí o no con la cabeza. Jugaba de vez en cuando con los juguetes que le mandaba mi papá y después de un rato los desarmaba, tal vez a ver qué tenían por dentro, pero terminaba dañándolos.
Nos dimos cuenta de eso cuando tenía como tres años, porque no hablaba y a mi mamá le pareció muy extraño, entonces lo diagnosticaron con esa condición. Ha sido muy difícil verlo crecer, que no entienda lo que le decimos, siempre con la mirada perdida y que sólo respondiera sí y no con la cabeza. También fue difícil porque para esa época mi papá se había vuelto a ir para Estados Unidos, y a mi mamá le tocó asumir sola todo eso.
¿Cómo es vivir con un autista?
Comunicarnos con él es normal, pero ya sabemos que se le dificulta mucho pronunciar letras como la R o la L. Dice frases muy entrecortadas pero se le entiende, como en un telegrama. Es muy amigable y se acuerda de los nombres de toda la gente a la que conoce.
Nunca ha sido agresivo, a veces sí le dan ataques de rabia pero lo que más hace son pataletas. Nosotros siempre hemos tenido una relación muy bonita. Es flaco pero tiene mucha fuerza. Le encanta comer pollo frito.
En un principio nos dijeron que era completamente autista, pero hace poco nos dijeron que solamente era un problema de aprendizaje. Los autistas por lo general son muy agresivos o son personas que están aisladas y solas. A mi hermanito sólo le falta aprender a escribir y a hablar un poquito más. Se distrae muy fácilmente, sobre todo mirando a la gente y detallando cosas.
¿Cómo saben que está aprendiendo algo?
Cuando él aprende algo lo empieza a poner en práctica, eso es algo que nos pasó, por ejemplo, con lo de los colores. Un día me dijo que le pasara un cuaderno, y como habían dos le pregunté que cuál, me dijo “el verde”; como yo me sorprendí tanto le seguí preguntando más cosas de colores y se los sabía todos. Tiene algunos problemas con el café y el negro pero ahí va.
¿Tienen alguna historia especial que haya pasado con Juan?
Él es muy imprudente. A veces dice disparates en cosas que nosotros estamos hablando o nos hace quedar mal con “las visitas”.
Un día, por ejemplo, estábamos en el balcón de la casa mi tío, mi papá, Juan y yo; ellos estaban hablando de carros y mi papá le preguntó a mi tío la marca del carro que estaba pasando en ese momento, como mi tío no se acordaba fue Juan el que le respondió y de inmediato le empezaron a preguntar por todos los que pasaban y no falló en ninguno.
¿Comparten algún recuerdo de la infancia?
Una vez en halloween. Yo estaba disfrazada de campesina y mi hermanito de campesinito. Me lo pusieron en los brazos para tomarnos una foto y lo dejé caer.
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Al inicio, cuando por molestarla dije “háblame de ti, cuéntame de tu vida”, como en la canción, se inspiró y empezó a contármela con la mayor fluidez de los casos. La segunda parte de la entrevista transcurrió mientras ella y yo estábamos envueltas en cobijas, sentadas en la playa de la Laguna de Tota. Es zurda y entierra su mano derecha en la arena blanca, escava, hace un pequeño montón de arena que luego desmenuza con los dedos.
Tiene un corazón libre de malas intenciones y se intimida fácilmente. Al hablar de su papá sus ojos brillan con el destello del amor profundo. En su voz hay un esbozo de tristeza cuando mencionamos a Juan.
Tal vez la peculiaridad que la ha caracterizado toda su vida se ve opacada por esa ingenuidad que la hace tan crédula y obliga indirectamente a que los demás se aprovechen de ella. Es terca y siempre, siempre quiere ver bondad en los otros.
(Foto: archivo personal Jéssica)
(publicado el 8 de abril de 2013 --> http://bit.ly/Zycthq)














