el día todavía no ha hecho presencia y le ha dado tiempo a cumplir con su rutina mañanera a la perfección; ejercicio, ducha, le está sirviendo para despejar la energía que lo oprime. desde los auriculares se puede escuchar la canción que está escuchando a todo volumen, una de sus favoritas para los entrenamientos. así, de repente y completamente ajeno a lo que le rodea, la visión de una silueta le hace alzar las cejas. por fuera, no se asusta, por dentro, casi se queda ahí, en el sitio. petrificado, se aparta una de las almohadillas de los cascos para hablar: ‘ ¿que haces? ’ termina por poner en pausa la música, imposible no dejar que las comisuras se ensanchen al percatarse. ‘ ¿mordiendo de la mano que te da de comer? ’ señala con el mentón el robo.