el calambre emprende el recorrido doloroso desde la parte superior del antebrazo bajando por la muñeca y a la punta de los dedos, recordatorio latente de que debería estar en casa, sanando las heridas e intentando olvidar la permanencia de las cicatrices, añoranza que se prende de su cuerpo, soñando despierta con haber evitado la situación vergonzosa de la cual esta siendo victima, mientras, en la realidad, el rostro se ruboriza. recuerda las palabras del doctor; evita los movimientos bruscos, pero el cuerpo tiene su propia reacción involuntaria al estar ella al rededor, así que con la mano izquierda, aun funcional, cubre su pecho y da una elegante media vuelta, dándole la espalda ahora, escondiéndose en las sombras. ' natalia ' llamado, saludo, disculpa, advertencia, una mezcla de todos, que patéticamente vulnerable si siente entonces, con la prenda atorada por los hombros, forcejeando un instante hasta que el brazo herido se vuelve a acalambra. vacila, y entonces: '...¿podrías ayudarme a— acomodar mi ropa? estoy atorada ' .