AGUA, ORO, FUEGO Y HUMO
Ayer, 16 de enero de 2014, Cajamarca fue escenario del reinicio de las frenéticas protestas contra el proyecto minero Conga. Luego de varias lunas de “tensa calma” (frase que suele usarse en fútbol y política), los guardianes de las lagunas, los ronderos y los comités de autodefensa se movilizaron hacia el área de influencia directa de Yanacocha y protagonizaron varias imágenes para el recuerdo. Algunas románticas, como aquella de los comuneros a caballo ingresando a las orillas de la laguna el Perol. Otras violentas, como la de una antena en la punta de un cerro echando humo tras ser incendiada –según los primeros reportes– por opositores al proyecto Conga. Una recomendación para Yanacocha: la hipótesis de que la construcción de lagunas artificiales generan confianza debe ser contrapuesta frontalmente con su antítesis. Cuatro reservorios de agua no te dan licencia social. La estrategia de persuasión de la empresa debe abordar positivamente este segundo escenario con el fin de generar actitudes y acciones concretas dirigidas a ese importante sector de la población urbana y rural que no solo está en contra de Conga sino que básicamente le tiene una tirria histórica a Yanacocha. Se necesitan voceros increíblemente carismáticos y muestras concretas de verdadero compromiso con la región. Siempre se habló de colocar a cajamarquinas y cajamarquinos tanto en la base como la cabeza del aparato de gestión social. Hasta ahora no ocurre eso. Siempre se habló de cambiar el tufillo de arrogancia y/o indiferencia por un tono humilde y de buen vecino. Hasta ahora no ocurre eso. Conga no es la primera gran crisis de la mina más grande de Cajamarca. Atrás están Combayo, Quilish y Choropampa; recordándonos que la licencia social no es un cheque en blanco y que hasta el trabajo más largo y exitoso de relacionamiento se puede perder en un solo día. Mi sugerencia al gobierno de Ollanta Humala: caminen con pies de plomo. Hace poco el alto comisionado de la Oficina de Diálogo y Sostenibilidad de la Presidencia del Consejo de Ministros, Vladimiro Huaroc, dio a entender que Conga iba por buen camino y que la oposición al proyecto se estaba debilitando. Los hechos de ayer hacen que dichas palabras se desvanezcan y luzcan como una patinada mediática. Es cierto que Conga es una gran oportunidad de desarrollo, pero lamentablemente está liderada por una de las empresas con peor reputación en Cajamarca. Es cierto que el gobierno nacionalista recibió una “bomba de tiempo” de la administración alanista (el EIA de Conga fue aprobado en 2010 al caballazo y sin una verdadera evaluación socio-ambiental) que además venía con un exceso de entusiasmo de parte de Yanacocha (que necesita Conga a gritos para asegurar la viabilidad de su operación en Perú). Si al final de la historia Conga no va, la multa que deberá pagar el Estado Peruano será tan cara como los casi 5 mil millones de dólares que cuesta el megaproyecto minero, y la reputación del país se verá perjudicada por este antecedente de poca seguridad para las inversiones extranjeras. Pero contagiarse del nerviosismo (o exceso de entusiasmo) del sector minero puede ser el peor error de este gobierno. Hace poco ha sido aprobada la llamada “licencia para matar” que –en opinión de varios analistas– permitiría a policías y militares hacer uso de la violencia con impunidad. Celendín y Bambamarca ya saben lo que es morir por una protesta. Los asesinatos de 2012 aún están en la memoria de los cajamarquinos. Si este cambio en las reglas de juego deviene en más muertes en la zona de conflicto, podríamos asistir a una revuelta sin precedentes en la historia republicana de Cajamarca. Quienes vivimos en este lado del país necesitamos paz, seguridad y una mezcla inverosímil de frialdad con sensibilidad; algo que difícilmente ocurrirá teniendo en cuenta el historial de los actores sociales y sobre todo el año electoral que ya comenzó con harto fuego y humo.










