Muchos de nosotros hemos estado tan privados de con-sentimiento que pensamos que esto es tonto y/ó es auto-indulgencia.
Por éso es por lo que nos estamos trabajando hoy: por una relación amorosa con nosotros mismos que funcione, para que podamos tener relaciones amorosas que funcionen con los demás.
Cuando nos sentimos heridos, nos preguntamos a nosotros mismos qué necesitamos hacer para ayudarnos a sentirnos mejor.
Cuando nos sentimos solos, buscamos a alguien que sea seguro. Sin sentir que somos una carga, le permitimos a ésa persona darnos su apoyo.
Descansamos cuando nos sentimos cansados; comemos cuando tenemos hambre; nos divertimos o nos relajamos cuando nuestro espíritu lo necesita.
Consentirnos significa que nos demos regalos, ir al salón de belleza o a la peluquería, un mensaje, un libro, un abrigo, un traje o un vestido nuevos. Significa un largo baño caliente para olvidarnos de nuestros problemas y del mundo por unos breves momentos cuando eso nos siente bien.
Aprendemos a ser amables con nosotros mismos para abrirnos al consentimiento que los demás tienen para darnos.
Como parte del con-sentirnos a nosotros mismos, nos permitimos dar y recibir contacto físico positivo, un contacto que nos parezca apropiado, que sintamos seguro.
Rechazamos el contacto que no nos hace sentir bien o seguros y que no es positivo.
Aprendemos a darnos a nosotros mismos lo que necesitamos de una manera suave, amorosa, compasiva.
Hacemos esto en el entendimiento de que hacerlo no nos hará gente floja, echada a perder, egoísta o narcisista. Las personas que se consienten son efectivas en su trabajo y en sus relaciones.
Aprendemos a sentirnos tan amados por nosotros mismos que realmente podemos amar a los demás y dejarles que nos amen.