Irene de Atenas
La emperatriz Irene de Atenas fue esposa del emperador bizantino León IV y, tras su muerte, gobernó como regente de su hijo Constantino VI desde 780 hasta 790. Entre los años 797 y 802 gobernó como «emperador» por derecho propio, convirtiéndose en la primera mujer en lograrlo en la historia bizantina. Durante su reinado, Irene urdió intrigas y conspiraciones implacables para conservar un trono que perdería y recuperaría tres veces, pero se le recuerda principalmente por restaurar la veneración cristiana de los íconos, una práctica que sus predecesores de la dinastía isáurica habían intentado suprimir con gran fervor. De todas formas, esta campaña en apariencia piadosa fue en realidad una estrategia para derrotar a sus enemigos y afianzar su poder. Las monedas de oro de la emperatriz revelan mucho sobre su carácter engañoso, ya que, excepcionalmente, presentaban su retrato en ambas caras.
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