Sin título
En las sociedades complejas, el valor intrínsico de las cosas se pierde. Las personas pueden gozar de facilidades que normalmente no serían fáciles de conseguir y las dan por sentado. Agua, energía, alimento y techo no son regalos, hay que luchar muy duro para conseguirlos. Generaciones han trabajado arduamente para ingeniar tecnología eficiente que permita obtenerlos sin sacrificar vidas en ello. Las personas no analizan que nada en la vida es gratis. Es curioso notar el comportamiento de los humanos en su ignorancia. Mucha gente simplemente exige las cosas sin dar nada a cambio. Sus rostros reflejan consternación cuando algo no sale bien o es interrumpido, como si esto no me puede estar pasando a mí. Desde las presas en calles hasta el servicio telefónico, uno puede honestamente esperar que todo salga como uno quiera y culparlo en el mundo. Que hay muchas presas, bueno sí, el gobierno tiene la culpa de dedicar planes adecuados de modernización, pero tampoco tiene la culpa que la gran mayoría quiera andar autómovil. Las presas están provocadas por los mismos que se quejan de ella. Los usuarios son demasiados y demandan un cambio, pero ellos mismos no están dispuestos a cambiar, son tan delicados y sublimes que no pueden tomar el autobús. Las personas tienen que aceptar que vivimos en un país pobre y que muchas cosas no pueden funcionar como se ven en la televisión. Lo que nos hace pobres son nuestras actitudes.
28 de enero, 2011











