El lenguaje se constituye cuando se incorpora a nuestra vida como modo de vivir, este es un ir de coordinaciones conductuales a coordinaciones conductuales que surgen en la convivencia como resultado de ella. Es decir, cuando las coordinaciones conductuales son consensuales. Toda interacción implica un encuentro estructural entre los que interactúan. Y todo encuentro estructural resulta en el gatillado o desencadenamiento de un cambio estructural entre los participantes del encuentro, concluye Maturana.
El resultado de esto es que, cada vez que hay encuentros recurrentes, hay cambios estructurales que siguen un curso contingente al curso de éstos. Esto nos pasa en el vivir cotidiano. Así; aunque como seres vivos, estamos en continuo cambio estructural espontáneo y reactivo, el curso que sigue nuestro cambio estructural espontáneo y reactivo, se hace contingente a la historia de nuestras interacciones.








