La naturaleza nos llama cuando viajamos al sureste de México y es que además de selva, cenotes, flamencos y playas hermosas, existen otras bondades que la madre tierra dejó escondidas y que poco a poco se dan a conocer (ya que siempre han estado ahí), tal es el caso de El Corchito, una reserva natural en medio de un santuario al que solo accedes por una laguna salada hasta llegar a unos manantiales dulces.
Cuando llegas al embarcadero aún no tienes claro de que se trata, solo te han indicado que vas a nadar en unas pozas y tú te debes preparar con tu traje de baño para darte un buen chapuzón.
Sobre la carretera que corre junto a la Ciénega de Chicxulub hogar de flamencos, garzas, halcones y otras aves que viven en esta área natural, llegarás al embarcadero de El Corchito.
Enseguida abordarás una lancha que te llevará a un muro vegetal de manglares, digamos que solo atravesarás unos 500 metros de agua lagunar ya que el santuario esta de frente; De pronto, al acercarse la vegetación y distintos tipos de manglar, se abre y una pequeña puerta del estero te recibe en tierra firme.
Al bajar de la embarcación un hermoso río rojo o terracota te está esperando, parece un increíble río de sangre, estamos en la mejor época para visitarlo (a partir de septiembre) ya que el manglar rojo libera su tinta que desemboca en el río de agua dulce y este se forma de los distintos nacimientos de agua que buscan su salida a la laguna.
Los manglares que custodian este rio son cientos, parecen estar petrificados del tronco, pero su follaje es verde y abundante.
No tienes que caminar mucho para encontrarte con los cenotes, son tres principales y estos como todos los de la península, se alimentan de los ríos subterráneos; lo distinto de ello es que están al nivel del mar y cuentan con ojos de agua limpia y cristalina.
El contraste es interesante, por un lado el rio rojo y por otro, los cuerpos de agua de color aguamarina, estos son ideales para llevar a la familia a nadar y pasar un día más que acuático.
De pronto entre los arboles aparecen una manada de coatíes, traviesos rumiantes que se han acostumbrado al turismo y a la comida que de este pueden obtener.
Se ven divertidos, pero ¡ten cuidado! que te pueden arrebatar algo de tus alimentos lo mismo sucede con algunas ardillas.
Los dos primeros cenotes están divididos por el rio rojo, el primero llamado “Helechos”, es ideal para los niños debido a su poca profundidad, junto a este hay un ojo de agua, si tienes suerte podrás ver refrescarse a alguna tortuga de río, como fue en mi caso.
Aquí ya te puedes instalar, hay algunas palapas, mesas y bancas para que cuelgues una hamaca. Hay baños, tiendas para comprar botanas y algo de beber, otros puestos de Souvenirs, playeras y artesanías; Los fines de semana puedes comprar algo de comida tradicional yucateca.
Cruzando el puente por encima del rio llegas al segundo parador y cuerpo de agua, “Venados” es el nombre y debo confesarte que este lugar me pareció maravilloso porque se trata de una alberca natural en donde no hay persona que no se divierta nadando en ella.
En este espacio ya puedes observar otro tipo de árboles: saramullo, guanábana y la anona silvestre mejor conocida popularmente con el nombre de la reserva “El Corchito”, un árbol cuya madera es ligera y de buena flotabilidad, sus raíces servían en otras épocas para elaborar tapones para barriles y corchos de botellas.
Su fruto es una especie de aguacate que en su madurez se torna amarillo, naranja o rojo y se acostumbra a tomar con leche o se hacen paletas de hielo.
Pero ahí no acaba la cosa, si sigues el río caminarás custodiado por los mangles rojos hasta llegar al cenote principal y más grande de nombre “Pájaros” ahí rodeado de mesas y palapas la gente se dispone a descansar bajo la sombra o el sol, según les acomode.
Este cenote de color verde esmeralda es el hogar de pequeños peces que curiosos esperan que un alma samaritana venga a darles un poco de migajas de pan o galletas.
La profundidad del cenote es de 1.50m y tiene una parte que llega hasta los 2 metros, así que lo recomendable es que permanezcas en donde puedas pisar. Que no te sorprenda que el suelo sea un poco fangoso debido a la naturaleza de la poza y de lo que sueltan las raíces y hojas de los árboles. Si lo tuyo son los flotadores o chalecos salvavidas, entonces podrás adquirir alguno.
El lugar es ideal para nadar, es un balneario natural, podrás hacer algunas competencias de natación o lanzarte algunos clavados en la parte profunda, ¡Que delicia estar en este lugar bajo el pleno rayo del sol! Es curioso ver como el agua que busca salida de este cenote hace un cuello de botella que va rumbo al rio rojo, así que no pierdas detalle de ese caminito. Esta combinación de agua dulce y salobre del mangle, esto le da un sabor al agua como a menta.
Como todo lo bueno en la vida, este lugar cierra sus puertas temprano, así que lo recomendable es que aproveches al máximo el paseo y sigas descubriendo que ¡Yucatán es una tierra de maravillas!
Puedes llevar alimentos y tu hamaca.
Mascotas y bebidas alcohólicas no están permitidas.
Cerca de Corchito sobre la vía de Chicxulub llegarás a la zona arqueológica de Xcambó
También puedes acudir a la playa en Puerto Progreso
Sobre la carretera, detente a ver la anidación del flamenco rosa
Paquete y tours con Mi escape: Xcambo, Corchito y Progreso
Operado por: Mayan Heritage
Recomendación de hospedaje: Hotel Art57 y Hotel Embajadores
El Corchito se encuentra a 36 kilómetros de Mérida, a 200 metros de la entrada a Puerto Progreso sobre la carretera a Chicxulub.
El Corchito, otra maravilla de Yucatán La naturaleza nos llama cuando viajamos al sureste de México y es que además de selva, cenotes, flamencos y playas hermosas, existen otras bondades que la madre tierra dejó escondidas y que poco a poco se dan a conocer (ya que siempre han estado ahí), tal es el caso de El Corchito, una reserva natural en medio de un santuario al que solo…