El vientre aún fecundo
Por Olmo Balam Juárez González
Según uno de sus entusiastas, el traductor español Miguel Sáenz, responsable de la reedición del teatro completo de Bertolt Brecht en nuestra lengua, hacía falta un Arturo Ui simplificado y actual, “sin tanto letrero explicativo”1 y eso es lo que ha sucedido.
Basada en Der aufhaltsame Aufstieg des Arturo Ui (1941), título traducido como El evitable (o resistible) ascenso, Chapó Mr. Ui es, sobre todo, una oportunidad de conocer a Bertolt Brecht, autor más leído que representado en escena – y no sólo en México.
A 115 años del nacimiento de dramaturgo alemán, el carro de comedias de la UNAM trae esta parábola, una de las piezas didácticas con las que Brecht intentó llevar a primer plano la función social del teatro en un momento clave en que el Tercer Reich conducía, de acuerdo a la propia interpretación brechtiana de la historia, la evolución política europea del capitalismo al fascismo.
La puesta en escena de Rodrigo Johnson y Diego Sosa, recupera y traduce a términos locales esta obra inspirada en el nazismo, transmutado en trust de coliflores y ahora convertido en un símbolo de la violencia que ha florecido en México durante los últimos siete años. Impresión mexicana del texto original o variación del primero, esta versión libre pero respetuosa se ajusta a un escenario dúctil pues trata sobre ese imponderable que es nuestra realidad política, realidad que ni el arte ha sido capaz de explicar.
El espacio dramático es dúctil como lo debe ser cualquier puesta en escena del carro de comedias. La atmósfera cabaretesca, de terciopelos rojos, sombreros y tirantes, es en gran medida responsabilidad de la encargada de vestuario, Adriana Olivera, quien logró ese espíritu visual de los años de la prohibición en Estados Unidos.
El juego con los espacios es la principal característica formal: la agilidad con que muta la escenografía, el entrar y salir de personajes que emplea a fondo a los actores, que también ejercen de tramoyistas y músicos. A veces el borde del escenario es un abismo, otras, un simple escalón. Afortunadamente la obra no quedó rastrada por el humor slapstick o las groserías como otra obra del carro de comedias, La paz de Aristófanes, puesta en escena de Juan Carlos Vives.
Cabe dudar de la pertinencia de establecer la obra en un sitio tan luminoso y colorido como lo es la explanada del Teatro Juan Ruíz de Alarcón a las once de la mañana; esta conjunción es el contrapunto más violento. Obra sobre gánsteres en un país solar, pues.
Y sin embargo, la obra no confunde al espectador respecto al tono, el tono lúgubre no se desploma, pues no se fuerzan los gestos de los actores hasta el territorio de la mueca. Quizá sea ese el mayor reto de cualquiera que trate de adaptar esta obra de Brecht, no caer en la tentación de la parodia fácil de Hitler o en la de convertir la farsa en una comedia. Los actores y la dirección siguieron con éxito una de las pautas expresas del texto original: “utilizar máscaras, tonos y gestos prototípicos, pero evitando la parodia y lo cómico debe ir acompañado de lo horrible”2.
Lo mejor, como era de esperarse, puesto que es Brecht, son los diálogos y rimas brutales, el raudal de escenas el humor negro en torno a la muerte, la hipocresía y la extorsión. Pero también comparte algunas de los puntos débiles del autor, como lo es su interpretación política de los personajes. Así como muchos nazis en la literatura, los narco-políticos mexicanos excusan cualquier exploración ulterior.
El drama político se acerca peligrosamente a esa tradición de cartones, de la que Rius es padre fundador, o incluso a una sátira fílmica como la de Luis Estrada en El infierno (2010). La enseñanza de la obra, pues es una parábola, de que el gobierno mexicano es igual al narco, es igual de simplista que la conclusión brechtiana de que el capitalismo es el reflejo único del fascismo, una de las obsesiones del autor de La vida de Galileo.
política (igual que en Brecth) pero necesaria pues vuelve a mostrar como en uno de sus versos, que el enemigo que habla del propio enemigo, proviene de ese vientre aún fértil
que, al parecer, no se detendrá en breve.
Relectura, pues esa es la palabra, que sigue a la letra el plan didáctico de Brecht hasta el punto en que es demasiado obvia su agendapolítica (igual que en Brecth) pero necesaria pues vuelve a mostrar como en uno de sus versos, que el enemigo que habla del propio enemigo, proviene de ese vientre aún fértil que, al parecer, no se detendrá en breve.










