Joven en Cristo, ¿Cuál es tu riqueza?
Joven en Cristo, ¿Cuál es tu riqueza?
La Biblia dice en Mateo 5:3 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”¿Por qué el señor nos dice “dichosos” cuando reconocemos nuestra pobreza espiritual?
Ciertamente el mundo de los jóvenes de hoy está lleno de valores (si es que se les puede llamar así) vacíos y viciados que van siendo transformados con las corrientes del mundo en el que vivimos. Los jóvenes de hoy son ricos de acuerdo son su propia manera de pensar u opinión, quizá son ricos en ser cristianos modernos, en posesiones, dinero, éxito, fama, familia, prosperidad, éxito profesional, trabajo, autos, negocios, amigos, deporte, antros, moda, belleza, etc. Algunas de estas cosas ciertamente no son malas pero son cuando se convierten en el todo del joven, éstas dominan su corazón y entonces no hay cabida para que Alguien superior que ocupe la preeminencia sobre ellas y las maneje, deseche o corrija conforme a Su voluntad.
Pero no es nada nuevo que sepamos que eso ocurre en el mundo. Lo preocupante es lo que sucede dentro del pueblo de Dios.
Jesús hace una declaración tajante y determinante respecto al “pobre-dichoso/bienaventurado” que espera que Sus hijos sean como lo acabamos de leer en Mateo 5:3.
17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.
20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
¿Cuantas veces joven en Cristo te has postrado como este joven delante del Dios Omnipotente, viniendo a Él con prontitud, doblando tu rodilla creyendo erróneamente que tu propia justicia o propia opinión te da más puntos delante de Dios?
Este joven rico obedecía a Dios en sus propias fuerzas y en sus propios términos”…Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud…” (v. 20). Él era justo en su propia opinión (ver Proverbios 16:2) y creía que todo lo había entregado a Dios y que merecía recibir de Dios la vida eterna.
Sin embargo, Jesús sacude la vida de este muchacho al responder: “…Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”(v. 21). Nuestro Señor Jesucristo de manera pronta e inmediata con amor reprobó la actitud del joven diciéndole lo que faltaba en su vida: desechar cualquier tipo de riquezas que su corazón estuviera atesorando sobre todas las cosas. (Joven en Cristo te aclaro: Dios no está en contra de las riquezas pero si es fuego consumidor cuando haces del dinero tu dios).
¿Te ha dicho el Señor con Sus palabras suaves pero directas “una cosa te falta”? quizá te sientes completamente un seguidor de nuestro Señor Jesucristo pero Él constantemente te señala lo que falta en tu vida y no has hecho caso: que te reconcilies con alguna persona, que perdones, que dejes de amar a las riquezas, que no tengas ídolos como el trabajo (muy común en nuestros tiempos), un hobbie, tú mismo, tu propia justicia, tus buenas obras, tu ministerio, tu iglesia, tu institución, etc.
Lo que Jesús nos quiere mostrar en este pasaje es que no podemos atesorar en nuestro corazón algo que tenga más valor para nosotros que nuestro Seños Jesucristo y que Él siempre nos va a señalar lo que falta en nuestras vidas consagradas para Él, así que no te molestes cuando Él te dice “una cosa te falta”, porque nos lo dice por Su amor hacia nosotros.
¡¡¡El joven rico confió en sí mismo y pensó que era “digno” de Jesús!!!
Nuestro Señor constantemente nos está diciendo “una cosa te falta” con la finalidad de que tengamos completa dependencia en Él. Jesús le mostró al joven rico lo pobre que era a pesar de tener riquezas y ser, en su propia opinión una persona “creyente y obediente”.
En otras palabras cuando reconocemos nuestra bancarrota espiritual Jesús nos llama “bienaventurados” porque hemos llegado al entendimiento de que separados de Él nada podemos hacer (mucho menos obedecerle ya que el Espíritu Santo es quien nos hace aptos para obedecer a Dios) y de que no hay cosa alguna que nos haga merecedores de Él. Jesús se dio a nosotros mismos por Su gracia y misericordia.
¿De qué te jactas joven en Cristo? ¿Tienes algún tipo de riqueza en tu corazón que no sea Jesús? Recuerda que somos salvos por la gracia de nuestro Señor Jesucristo por medio de la fe (ver Efesios 2:8).
¿Hay algo que te falta arreglar en tu relación con Dios?...¿Te has vuelto rico en tu propia opinión?...¿Crees que por servir a Dios eres merecedor de Él?...¿Hay algo que está compitiendo con el lugar supremo de Jesús en tu vida?...¿Ignoras la voz del Señor cada que señala lo que te falta? o llegas a la conclusión de que cuando estás consiente de tu propia pobreza espiritual el Señor te dice “bienaventurado”…