Lo inevitable
Marco Antonio. Así te nombraremos. La verdad es que me sentía en situación de Cleopatra entre tus brazos y los de Julio (César). Ambos en el inicio de esa década que les empezaba a recordar de manera cruel que la juventud no dura para siempre.
Cuarenta y veinte. Cuarenta y tres y veinte y cinco, para ser más precisos. Nadie - de los pocos que sabían - entendía qué veía en ti. ¿Encorvado y con guata? Viejo feo, me decían. Y es que no sabían que lo nuestro era inevitable. Yo no lo escogí, no te escogí. Sencillamente, me lancé al vacío del deseo por ti.
¿Sabe tu esposa caribeña - esa que ya no dormía en tu cama - que sigues enviándome canciones durante la madrugada? Cuando subes esas historias familiares a Instagram, ¿sabes que a quien más engañas es a ti mismo?
Seguirás deseándome en tus sueños. Seré tu maldición eterna.












