Enrique Granados (1867-1916)
Piano Quintet in G Minor, Op.49: III Largo-Molto presto
Cuarteto Quiroga and Javier Perianes
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Enrique Granados (1867-1916)
Piano Quintet in G Minor, Op.49: III Largo-Molto presto
Cuarteto Quiroga and Javier Perianes
Arriaga, más allá del mito
[Juan Crisóstomo de Arriaga (Bilbao, 1806 – París, 1826) / D.S.]
Cuando se cumplen los 200 años de la muerte prematura de Juan Crisóstomo de Arriaga, el Cuarteto Quiroga publica una nueva grabación de sus tres cuartetos con un enfoque historicista
El 17 de enero de 1826 moría en París Juan Crisóstomo de Arriaga. Le faltaban apenas diez días para cumplir veinte años. Había nacido en Bilbao el 27 de enero de 1806, exactamente cincuenta años después de Mozart, una coincidencia que acabaría alimentando un sobrenombre tan célebre como incómodo. Durante demasiado tiempo fue el Mozart español. Hoy, dos siglos después de su muerte, esa comparación resulta ya secundaria. Arriaga ocupa un lugar propio en la historia de la música porque, pese a la brevedad de su vida, dejó un puñado de obras que bastan para revelar un talento verdaderamente excepcional. Entre ellas sobresalen los tres cuartetos de cuerda publicados en París en 1824, un monumento de la música de cámara cuya extraordinaria madurez sigue desafiando cualquier explicación. Pocas veces un compositor tan joven había demostrado semejante dominio de un género que, desde Haydn, se había convertido en el terreno en el que los grandes creadores medían sus fuerzas.
Este aniversario convierte en especialmente oportuna la nueva grabación del Cuarteto Quiroga, dedicada íntegramente a esos tres cuartetos. Pero sería un error considerarla un simple homenaje conmemorativo. El vínculo entre el conjunto español y la música de Arriaga viene de mucho más lejos. Desde sus primeros años de actividad, los Quiroga han mantenido estas partituras en su repertorio, las han interpretado en escenarios de Europa, América y Asia y han vuelto una y otra vez sobre ellas con una mezcla de curiosidad, rigor y admiración. Este disco, el noveno de su trayectoria, es pues la culminación de más de dos décadas de convivencia con una música que ha acompañado la evolución artística del cuarteto y que ahora recibe una lectura especialmente meditada y comprometida.
Para entender el alcance de la propuesta conviene volver al propio Arriaga. Su formación inicial en Bilbao ya reveló un talento fuera de lo común. En una ciudad cuyo ambiente musical era mucho más activo de lo que a menudo se supone, el joven compositor encontró un entorno familiar propicio para desarrollar unas facultades extraordinarias. Con once años escribía una obra para tres violines, Nada y mucho; con trece concluía la ópera Los esclavos felices, de la que sólo se han preservado la obertura, una imponente pieza orquestal que se interpreta con frecuencia, y algunos esbozos de partes vocales. Aquellas primeras obras bastaron para convencer a su familia de que el horizonte bilbaíno había dejado de ser suficiente. En el otoño de 1821 emprendió viaje a París, la capital musical del continente, para ingresar en la École Royale de Musique. Tenía apenas quince años.
Bajo la dirección de Luigi Cherubini, el Conservatorio de París constituía uno de los grandes focos europeos de creación y enseñanza musical. Arriaga estudió contrapunto con François-Joseph Fétis, profesor de armonía de una exigencia casi legendaria, y violín con Pierre Baillot, uno de los grandes representantes de la escuela francesa. Los resultados fueron inmediatos. Obtuvo los principales premios de contrapunto en dos cursos consecutivos y el propio Fétis terminó nombrándolo asistente de su clase, una responsabilidad extraordinaria para un alumno extranjero que aún no había cumplido veinte años. Tras su muerte, el musicólogo belga no ocultó la magnitud de la pérdida y llegó a afirmar que, de haber vivido, Arriaga habría ocupado un lugar eminente entre los compositores europeos de su tiempo.
Aquellos años parisinos fueron decisivos porque permitieron al joven compositor entrar en contacto con el mejor ambiente musical del momento sin renunciar a una personalidad sorprendentemente definida. En sus partituras se reconoce el conocimiento profundo de Haydn, Mozart o Beethoven, pero también una imaginación armónica y una libertad expresiva que anuncian ya el primer Romanticismo. La música de Arriaga posee una naturalidad que hace olvidar el prodigio técnico que encierra. Todo parece fluir con una lógica espontánea, como si las dificultades propias del oficio desaparecieran detrás de una inspiración siempre fresca.
Los tres cuartetos de cuerda representan el mejor ejemplo de esa extraordinaria madurez. Concebidos cuando el compositor apenas había superado los dieciséis años y publicados en 1824, constituyen una aportación excepcional al repertorio europeo. El primero, en re menor, despliega una intensidad dramática poco habitual en un autor tan joven; el segundo, en la mayor, muestra un equilibrio clásico de admirable elegancia; el tercero, en mi bemol mayor, amplía todavía más el horizonte expresivo y parece anunciar un lenguaje ya plenamente romántico. Los tres comparten una escritura contrapuntística refinadísima, un tratamiento extraordinariamente equilibrado de las cuatro voces y una imaginación melódica que nunca pierde naturalidad. No son los ejercicios que podría esperarse de un aprendiz, sino obras acabadas, de una solidez formal admirable y de una personalidad perfectamente reconocible.
Esa es precisamente la perspectiva desde la que el Cuarteto Quiroga afronta esta grabación. Después de tantos años frecuentando estas partituras, el conjunto evita cualquier tentación de convertirlas en reliquias. Su propuesta busca devolverles el sonido que pudieron tener en el París de los años veinte del siglo XIX mediante el empleo de cuerdas de tripa y criterios de interpretación históricamente informada. La diferencia va mucho más allá de una cuestión tímbrica. El color se vuelve más flexible, las texturas ganan transparencia, el fraseo adquiere una respiración distinta y el diálogo entre los cuatro instrumentos aparece con una claridad extraordinaria. De repente, muchos detalles de la escritura de Arriaga emergen con una evidencia que a menudo queda difuminada en versiones realizadas con instrumentos modernos. El resultado es una interpretación que busca acercarse a estas partituras desde la sonoridad que Arriaga pudo conocer, sin renunciar por ello a la espontaneidad ni a la fuerza expresiva.
Publicado, como todos los anteriores, por Cobra Records, este trabajo, se ha dicho ya, constituye el noveno álbum de estudio del Cuarteto Quiroga. La grabación se realizó en septiembre de 2025 en la iglesia WestVest90 de la localidad holandesa de Schiedam, junto a Róterdam, con el ingeniero de sonido y productor musical Tom Peeters.
[Diario de Sevilla. 2-08-2026]
La ficha ARRIAGA. COMPLETE STRING QUARTETS Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826) Cuarteto de cuerda nº1 en re menor [1823] Cuarteto de cuerda nº2 en la mayor [1823] Cuarteto de cuerda nº3 en mi bemol mayor [1823] Cuarteto Quiroga Aitor Hevia, violín I; Cibrán Sierra, violín II; Josep Puchades, viola; Helena Poggio, violonchelo Cobra Records
EL CD EN SPOTIFY
Juan Crisóstomo Arriaga · album · 2026 · 12 songs
Organizado por la
Mi crítica del concierto del Cuarteto Quiroga esta tarde en el Monasterio San Zoilo de Antequera.
"Estamos emocionados: veinte años es toda nuestra vida adulta"
[Cibrán Sierra, Aitor Hevia, Helena Poggio y Josep Puchades: el Cuarteto Quiroga / IGOR STUDIO]
En su vigésimo aniversario, el Cuarteto Quiroga explora en CD el perfil más concentrado de los clásicos
Cibrán Sierra se alza una vez más como portavoz del Cuarteto Quiroga, que está celebrando sus veinte años de existencia. "El primer año fue realmente de prueba, cada uno tenía su ocupación. El cuarteto empezó a a trabajar en serio cuando fuimos a la Escuela Reina Sofía con Rainer Schmidt del Cuarteto Hagen, y eso fue en el curso 2004-05. Ahí decidimos tirarnos a la piscina de verdad, sin saber si había agua".
–¿Este disco es entonces celebratorio?
–Queríamos que fuera un tanto especial. Siempre nos gusta hacer programas que sean algo más que una colección de obras interesantes. A estas alturas, lo que tiene sentido es que los conciertos y los discos ofrezcan la posibilidad de reflexionar acerca de las obras, poner a unas en contacto con otras, hacer un ejercicio de interpretación, de hermenéutica, arrojar luz sobre un objeto de una manera particular. Y queríamos buscar algo que sirviera como celebración de nuestros veinte años. Decidimos coger a los tres grandes compositores del género: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como digo a veces. Haydn, el Padre fundador, que canonizó el género; Bartók, el Hijo, que lo llevó al siglo XXI; y Beethoven, el Espíritu Santo, por aquello de que está presente en todos los compositores que quisieron escribir cuartetos después de él, porque llevó el género a su cumbre y está en todas partes.
–Tres grandes clásicos, pero con qué enfoque...
–Usamos una perspectiva que nos pareció interesante. Si estamos en un mundo en que se valora lo mastodóntico, lo grande, por qué no buscar lo contrario: frente a la expansión, la compresión musical. Y encontramos tres ejemplos muy fáciles para mostrarlo. Primero, el Op.42 de Haydn, el cuarteto más corto que escribió, que además fue un encargo que le llegó de España, lo que nos hacía ilusión; Haydn utiliza motivos muy cortos, pero consigue a pesar de la brevedad una narrativa llena de todo lo habitual en él, hasta en sus obras más grandiosas: el sentido del humor, la ironía, el arte de la retórica... Luego el Op.95 de Beethoven, el Serioso: después de haber escrito aquellos gigantescos Razumovsky, larguísimos, con una dificultad extrema, escribe un cuarteto brevísimo, pero de una intensidad incluso mayor que el resto de sus obras en el género. Todo va en él a una velocidad extraordinaria: en el tiempo que uno de los Razumovsky llega al segundo tema, el primer movimiento del Serioso ya ha acabado, y no ha sacrificado ninguno de los pasos retóricos necesarios para construir un discurso contrastante, impactante; lo tiene todo, pero de una manera comprimida. Mantener la complejidad en tan poco tiempo es un ejercicio admirable y Beethoven lo consigue aquí de manera increíble. Bartók hace lo mismo en el Cuarteto nº3, en el que comprime en quince minutos de vértigo un discurso musical complejísimo, construido como siempre en Bartók con una arquitectura impecable, que condensa todas las constantes de su lenguaje musical. Son como pequeños átomos, por eso usamos el nombre en el título: lo indivisible de la materia, lo que ya no se puede dividir. Y también porque desprenden una energía de alguna manera nuclear. De esos núcleos tan pequeños, a través de su compresión musical se liberan enormes dosis de energía.
–¿Y qué papel juega ahí Kurtág?
–Nos faltaba un compositor vivo, y qué compositor, en perspectiva, puede estar a la altura de estos tres gigantes. Yo no tengo dudas, si dentro de 200 años hay un compositor que estará a la altura de los grandes ese será Kurtág. Además al ser un poco autobiográfico el disco, Kurtág nos venía bien, porque es una persona a la que pudimos conocer, con quien trabajamos, una persona que nos emocionó muchísimo: creo que somos el único cuarteto que ha tocado en directo la integral de su obra, así que decidimos incluir esta pequeña obra que además no estaba grabada; el átomo se mezcla ya con la materia oscura, el sonar y no sonar, el ser y no ser, lleva la música al extremo, a la linde de la no existencia.
–Y en ese juego no se pudieron resistir y añadieron a Webern...
–Nos gusta poner siempre regalito de bonus track, y lo pusimos como un guiño a quien fue el maestro del aforismo musical, de la compresión máxima y absoluta del lenguaje, lo teníamos ya grabado de nuestro disco (R)evolutions.
–¿Cómo están viviendo el aniversario?
–Estamos muy emocionados. 20 años de cuarteto es mucho, es casi la mitad de nuestra vida biológica, y la totalidad de nuestra vida adulta, postacadémica. Cuando lo piensas te abruma, te alegra, te emociona, te anima a seguir trabajando, es un momento muy especial. Tenemos una residencia en el CNDM, y estamos haciendo encargos, estrenos. Hemos estrenado en España y en Suiza una obra de Jörg Widmann, con quien tenemos una estrecha relación. En el CNDM hacemos tres conciertos con tres colaboradores que han sido muy importantes en la historia del cuarteto: Jörg Widmann, Veronika Hagen, del Cuarteto Hagen, con quien grabamos nuestro anterior disco, y Javier Perianes, que es casi una quinta persona en el cuarteto, alguien muy cercano. En enero estrenamos en Ámsterdam música de Jonathan Dove, un compositor inglés muy diferente a Widmann, una obra muy interesante que se titula Togetherness, escrita durante la pandemia, en la que empezamos tocando desde diferentes puntos del escenario y nos vamos acercando hasta tocar juntos otra vez, parte de una aleatoriedad controlada y termina ya más ensamblada. Tenemos un estreno en colaboración con el Palau de la Música Catalana de Raquel García Tomás: su música nos interesa mucho, y como el Palau fue un punto importante para nosotros, porque allí ganamos nuestro primer concurso, teníamos que estar en este año, y por eso le encargamos esta obra a Raquel. Para Madrid encargamos otra obra a una compositora griega, que es profesora en Múnich y nos interesa mucho, Konstantia Gourzi. Hacemos también una obra de otra persona muy querida, José Luis Turina, Bach in excelsis, que escribió para nosotros, y es en mayo, en el último concierto de la residencia, que será en el Museo Reina Sofía. Estamos muy comprometidos con la creación actual, y así seguiremos. Parte del trabajo de un cuarteto de cuerda pasa por enriquecer el mapa de músicas.
–Cuando ustedes llegan, en España el Casals había abierto ya camino, pero antes el país era un páramo cuartetístico, ¿se sienten en cierta medida responsables de que eso haya empezado a cambiar y ya no sea así?
–Era una anomalía. En España hubo siempre grandes músicos, pero hasta que llegó el Casals el cuarteto de cuerda parecía que no se practicaba.
–España era el país de las bandas y los instrumentos de viento…
–Así es. Existía una tradición muy importante, y esperemos que no se pierda, ahora que veo que en algunos pequeños pueblos algunas bandas empiezan a tener problemas, porque bandas y coros hay que defenderlos y cultivarlos, la cultura musical amateur es crucial, la sociedad civil y las instituciones deberían cuidarlos, son tesoros, el humus que genera público, gente sensible y profesionales futuros. Esta enorme tradición se tradujo en una mayor calidad de instrumentistas de viento. Otra posible causa de aquella anomalía yo creo que deriva de la manera en que se desarrolló la escritura musical en España, sobre todo en el florecimiento a finales del XIX, los grandes compositores de esa época no nos dejaron grandes cuartetos, aunque hay excepciones, como los de Conrado del Campo, proyecto de recuperación en el que participaremos. Nos interesa recuperar el patrimonio musical propio. En 1900 Mendelssohn era considerado un compositor relativamente menor, hoy nadie duda que es uno de los grandes… A lo mejor dentro de unos años está Conrado o está Brunetti. Hay mucho trabajo que hacer para rescatar muchas cosas que merecen ser rescatadas, primero por cartografiar el patrimonio, pero luego porque además te encuentras joyas estrictamente musicales. Es una gozada escucharlas y ponerlas en diálogo con lo conocido. Con el repertorio de piano salían pianistas enormes tocando Albéniz, Falla, Turina… Pero apenas había cuartetos. Sin embargo en el Madrid del XVIII había una gran actividad cuartetística, por qué… Porque estaban Boccherini, Brunetti, Canales, Almeida… Eso está cambiando. Nos enorgullece contribuir a que esa anomalía esté desapareciendo, España ya no esté yerma de cuartetos y cuartetos españoles estén presentes con normalidad en auditorios de toda Europa.
–¿Cuál será el siguiente disco del grupo?
–Estamos debatiéndonos entre dos o tres cosas. La idea será aportar algo o bien a través de compositores que no hemos grabado o con perspectiva diferente a lo que hemos hecho. Y estamos considerando varias opciones. Nuestro cuarteto cocina a fuego lento. Preferimos hacer las cosas más despacio y que cada producto esté bien pensado y elaborado.
–Siguen con Cobra...
–Sí. Estamos muy a gusto. Nos sentimos libres para plantear las cosas como queremos hacerlas. Volver a grabar los cuartetos de Beethoven, de Schubert o de Mozart porque sí, para nosotros no tiene gran interés. Queremos que los discos contribuyan a contar quiénes somos, la forma que tenemos de mirar al repertorio.
–¿Mantienen la residencia en el Museo Cerralbo?
–Sí, y encantados, porque que los museos no se limiten a custodiar un legado material, sino que lo actualicen y lo pongan en diálogo con la sociedad a través de recitales y actividades dinámicas me parece fundamental. Es un orgullo para nosotros. Nuestros puntos de base son el Museo Cerralbo, la actividad concertística y la pedagógica.
[Diario de Sevilla. 31-12-2023]
ATOMOS EN SPOTIFY
Cuarteto Quiroga · Album · 2023 · 14 songs.
Camino de normalidad
[Marta Moll de Alba con el guitarrista Pepe Romero en Granada. / PRENSA IBÉRICA]
Desde finales de octubre, Orange TV emite ‘Caminos de la música’, una serie documental ideada por la pianista Marta Moll de Alba
Marta Moll de Alba es la pianista del Dúo Cassadó, una formación que ha celebrado ya sus dos décadas de actividad por medio mundo. Pero en los últimos meses esta canaria de acento dulce y verbo fluido, que se dedica también al coaching, ha estado muy ocupada con un proyecto personal, una serie documental que trata de fomentar el amor hacia la música clásica. Le cedimos la palabra...
“En España no está normalizada la asistencia a los conciertos. La afición existe, pero pasa algo con el público. Lo he hablado mucho con programadores, directores de orquesta y otros compañeros de profesión. A la música clásica le falta algo para integrarse de verdad en nuestra sociedad. Le daba vueltas y pensaba que tienen que existir maneras de hablar de esto con normalidad y se me ocurrió utilizar la televisión para hacerlo”.
“Con el dúo viajo por todas partes. En España mucha gente no sabe ni dónde están los auditorios de sus ciudades. Ni se imagina la de veces que he preguntado en la calle por el Auditorio de algunas ciudades y la de gente que no lo sabía. Me ha pasado repetidas veces, y me decía, pero cómo puede ser. Era como un shock. Con los pedazos de auditorios que tenemos en este país, que son espectaculares... Y entonces pensé, por qué no llevamos a la pantalla a los músicos, los auditorios, las salas de concierto y todo lo que se está haciendo, con una mirada cercana, no para hablar exactamente de música, sino de emociones, de sentimientos, de cosas que preocupan a la gente”.
[El Cuarteto Quiroga en el Museo Cerralbo de Madrid. / PRENSA IBÉRICA]
“La primera temporada de Caminos de la música consta de siete capítulos de unos 25 minutos cada uno. Los capítulos son totalmente independientes unos de otros. Cada uno está centrado en una ciudad: Barcelona, Madrid, Alicante, Granada, Valencia, Mallorca y San Sebastián. [A la publicación de esta entrevista quedan los dos últimos por emitirse.] Los guiones son míos. He tratado de aprovechar mi experiencia con el coaching, y hablamos del silencio, de la visión, de la creación, conceptos que me parece interesante ligar con la música, buscando siempre dentro de cada ciudad hilos con los que contar una historia”.
“La directora de la serie es Pilar Pérez Solano, que tiene una amplísima trayectoria, incluido un Goya al mejor documental por Las maestras de la República. La serie la ha producido Prensa Ibérica directamente para Orange TV: se lo ofrecimos y les interesó. Nuestra idea ahora mismo es empezar a grabar una segunda temporada en enero. Tengo ya una idea de por dónde irá, pero dependerá de cuándo podamos hacerlo, de las fechas, para seleccionar las ciudades, ya que dependerá de la actividad musical que hay en cada momento”.
“Aún no tenemos datos objetivos de audiencia, aunque me han llegado muy buenas críticas y también mensajes de conocidos que son ajenos a la música y que están encantados. La pandemia dejó claro que la gente quiere cultura, quiere música, quiere calidad. Mi ilusión sería que en un tiempo prudencial la serie pudiera ofrecerse en abierto”.
“Hemos tocado mucho fuera de España. Por ejemplo en China, y somos muy distintos. Hay cosas que por mucho que trates de explicarlas con un traductor no logras hacerte entender. Pero con la música ese obstáculo se supera, hay una especie de comunión, una conexión, algo que ni se ve ni se toca ni se huele, pero que une a la gente, aunque luego cada cual entienda lo que escucha a su manera. Y eso es fascinante. El problema viene cuando tratamos de hablar de música. No hace falta saber quién es Beethoven para disfrutar de Beethoven. En la música nos encontramos a menudo con ese punto de encorsetamiento de que es que hay que entender. Y lo que hay es que acercarse. La música la llevamos dentro, cuanto más sabes, más oyes, obviamente, pero no es necesario saber nada, hay que normalizar el acercamiento. Mi experiencia me dice que el primer contacto de la gente con la música en directo nunca es negativo”.
“En España nos falta tradición y tenemos un talón de aquiles en la formación musical en las escuelas. Tiene que haber un compromiso político para potenciar las Humanidades. La gente tiene que poder acercarse a un auditorio sin que eso le exija un esfuerzo. En la mayoría de los países de Centroeuropa el contacto con la música es muy temprano, y por eso están acostumbrados. Además yo creo que nos falta apreciar de verdad lo nuestro. Nuestra falta de tradición ha hecho que no valoremos a nuestros compositores, nuestra historia, cuando tenemos un patrimonio extraordinario del que presumir, es de lo que más orgulloso podríamos sentirnos como país. Me he involucrado completamente en esta serie y confío que ayude a muchos compañeros e instituciones que lo ponen todo diariamente para salir adelante. Va por ellos.”
Dos capítulos. Barcelona y Madrid
“Llegamos a la ciudad y la enseñamos un poquito. Nos vamos al Palau de la Música y allí nos encontramos con el director, Joan Oller, que nos presenta el edificio y nos cuenta qué cosas se hacen en ese edificio antes de asistir al ensayo general de Jordi Savall, que está preparando La Creación de Haydn. Yo explico un poquito quién es Haydn, le hago una entrevista a Savall y me voy de allí para hablar de Alicia de Larrocha. Me acerco al Archivo Alicia de Larrocha, donde me recibe su hija, Alicia Torra, que me explica quién es su madre, qué es el archivo, cómo surge… Y ya está. Ese es el capítulo de Barcelona.
Pero todos son distintos. Por ejemplo el de Madrid está enfocado a la época de Goya y Boccherini. Me voy a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entrevisto al compositor Tomás Marco, que es el director de la Academia. Me explica toda la obra de Goya que hay allí, por qué surge la Academia, qué función tiene hoy en día, qué pasa allí. Y luego me marcho al Museo Cerralbo, a entrevistar al Cuarteto Quiroga, que toca para nosotros la música de Boccherini en tiempos de Goya. Y de allí me voy a ver a Jorge Pozas, un lutier que tiene la más importante colección del mundo de violines construidos en la época de Boccherini en España”.
[Diario de Sevilla. 15-11-2021]
Conciertos
Una semana muy musical Maureen Choi en el Teatro Bellas Artes y el Cuarteto Quiroga en Real Jardín Botánico. Un lujo ambos. El primero dentro del ciclo de conciertos “íntimos” del teatro por la violinista y compositora estadounidense Maureen Choi. Y el segundo “Sabatini contra las cuerdas” dentro de la conmemoración del tricentenario del nacimiento del arquitecto e ingeniero Francesco Sabatini…
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Mi crítica del concierto del Cuarteto Quiroga y Javier Perianes anoche en el Patio de los Mármoles del Hospital Real de Granada.