30 años tenía cuando vi a Candelabro en vivo. Tenía 29 cuando los caché por memes de la (y las comillas debiesen ser muchas más de las que me permito a mi mismo escribir) "escena" chilena.
Deseo, Carne y Voluntad es el disco que sacaron este año. Partió tímido en mi. Me llamaron la atención los nombres tan cargados a las palabras que vi muchas veces en mis años formativos de catolicismo. Carne, tumba, deseo, angel, carne, pecado, carne, carne, carne.
No voy a hablar más del disco, y me gustaría decir lo mismo de mi formación catolica, pero siempre surge.
El concierto fue otra cosa si. Un contraste con otro nombre de la misma "escena", Hesse Kassel, con dolor de garganta en un vocalista que me recordaba a mi mismo en una juventud que yo mismo avejenté desde que pude hacerlo (todo esto para decir que vestía pulcramente, con una camisa blanca, y el pelo largo como yo solía tener el pelo largo, pero flaco, porque el exito de una juventud puede medirse en la circunferencia de una cintura) y que lograron encompasar un dolor entre la entropía más melodica que he escuchado en harto rato. Me pregunto que tanto me gustan más de lo que me gusta BCNR, con todo lo que se dice de un plagio descarado, solo por ser chilenos, solo por nacer en la misma faja de tierra que yo, a pesar de no conocer el mismo pedazo de mar ni la misma cordillera.
Y en esas palabras de cordillera y mar y territorio y nacion, tengo que preguntarme sobre la carne que rodea mis huesos, avejentada ahora a tiempo, sintiendo unos 30 que vienen con todos los cuestionamientos del cambio de folio. Mi deseo, que parece que ya no existe y sin embargo no puedo dejar de pensar en el ultimo deseo de este año, inconcluso sin saber por que o cuando, y en cambio envuelto en un cómo, que fue lo unico que me quedó. Mi voluntad, DIOS MÍO MI PUTA VOLUNTAD, donde estará y si estará, a donde irá, y que hará de mi, Señor, que hará de mi.
Ah, Candelabro! 30 años la criatura, y en un segundo darse cuenta que ya no tiene ganas de meterse a un grupo de gente golpeandose en un teatro cuyo suelo de tablas de madera rebota y salta, como casi impulsandote contra tu voluntad a unirte a esa masa y dejar salir de tu cuerpo la parte de la letra que es gritada a todo pulmón y queda corta.
Supieran como grito Ángel mientras manejo el trayecto casa-trabajo. Poco me importa que no puedo (por falta de control, por querer perder el control también) llegar a la nota, pero vaya como aguanta ese pulmón.
Me faltó Ángel y me faltó Bonva.
Sin embargo, Tumba y Prisión de Carne son tremendos medios de concierto. Ella, muy parecida a quein no tengo derecho a recordar de la manera que lo hago, canta como un angel. Y el final de Tumba, con los vientos y el saxofón que tocaba una (y no uno) fue una wea que encompasa todo lo que digo de Candelabro. ¿Lo que siento era pena, odio, rabia, miedo, nostalgia? Era un saxofón y otra cosa más sonando a todas esas opciones.
Domingo de Ramos es un error tocarla a la mitad del asunto. Si no vas a abrir así, no vas a aprovechar la canción de apertura que mejor ha dado esta decada. Era wea de tocarla y sentir las voces (ba dm ts (eso es una batería de muy mal chiste(redundante(agotese))). La gente parece saber de antemano que no van a ser los unicos saltando. La telepatía del grupo producida por la memoria y la vivencia, el estimulo y la respuesta.
Antes de eso. Anuncio político. Llamaron a votar por Jara, y joya. Pero se entiende el cringe de hablar de esto en un Fluvial, cierto? Yo puedo estar delulu pero creo que ahí es donde más está lleno de gente que no necesitas convencer. En fin, lo bueno que saco al limpio es el atreverse.
Extraño, eso si, ha sido el pensamiento que me ha rondado sobre la nocion de país que parece tener el frontman de Candelarios. Habló de nuestro país, tal como la canción habla del país ese donde crecimos, que ya se fue (ya se fue). Ya he hablado de mi nocion de patria, de admirarse por esta, etc. Y me pregunto si estoy cada día menos loco, finalmente entendiendo la locura como norma–foraneidad de la norma. Si alguien más pensó por medio segundo un pensamiento que cruzó por mi mente años atrás y se enquistó. Y sigue ahí, y me lo recuerda cada 4 años, por dolor y esperanza repartida a partes iguales.
Pecado fue otro crujir de tablas, fueron otras ganas de saltar, fue otro morderme la lengua de esa lengua dentro del cráneo, automorida cerebral para frenarme de hacer el loco por hacer lo que hace 4 años podía todavía hacer, porque aún puedo, pero ya no quiero o lo quiero menos que otras cosas, al final la verguenza es un juego de suma cero mal jugado.