Y se me ocurre que podríamos levantar un huerto entre estos escombros, y que de los brotes en lo ruinoso nazca un idioma de los bichos. Y que dialogue con un idioma de las flores, de las luces, de los vientos, de las trampas, Y que dialogue con un idioma de los dias
De la risa y de la arcada
Que se cruce con la lengua de los cementerios, que habla por mí y que expresa, que hay un entierro en mi memoria, hay un entierro que se alarga en mi memoria, hay un entierro que atraviesa todos los días de mi memoria
Y pese a todo yo no me siento parte de esta masa que me aprieta por las costillas y que dice mi nombre que sublima cuatro letras y me nombra a su antojo y lo repite y lo repite y lo repite hasta que mi persona pierde la relación que hay entre mi ser y mi firma
Y yo muerdo, masco, rompo este envoltorio, esta máscara triste y corroída y yo rompo, pero nunca lo suficiente
Y establezco estas cláusulas indefinidamente tristes porque un sabor que tengo en el alma me deprime, cosas que escapan de mi manejo. En fin, cuando muera -si es que algo llegase a quedar de mí-Entiérrenme con mis peluches