He llegado a la conclusión de que todas las crisis que ha sufrido el país se han debido a un elevado déficit fiscal y externo, que se agrava aún más cuando el ciclo internacional se vuelve adverso para el país.
La política económica predominante en las últimas décadas, consistente en el persistente aumento del gasto público, sin la correspondiente contracara de los ingresos, sólo lleva a una mejora transitoria de la calidad de vida y una reducción transitoria de la pobreza, porque carece de sustentabilidad.
La relación entre la balanza fiscal y la balanza de cuenta corriente. Transables y no transables.
Cuando el déficit fiscal se financia con deuda externa o con stocks (reservas, venta de activos públicos), el Estado debe vender las divisas a moneda local, lo cual aprecia la moneda en términos reales (apreciación cambiaria). Lo más común es que además se financie parcialmente con emisión, dando lugar a un proceso inflacionario, y donde por tanto se deprecia el dólar en términos nominales pero se aprecia en términos reales; en otras palabras, el dólar sube pero menos que la inflación.
Así, el aumento del gasto público financiado con divisas y gastado localmente encarece el precio en dólares de los no transables (principalmente sueldos y jubilaciones, mercado inmobiliario y toda actividad que sea mano de obra intensiva, como turismo, servicios, etc.), lo que significa una caída de la competitividad para los productores de transables (agricultura, minería, industria) por mayores costos de producción. Los precios de bienes transables son fijados por el mercado internacional, donde el país no tiene incidencia, por lo que estos sectores son tomadores de precios. Así es como la apreciación cambiaria, a través del aumento de costos locales, desincentiva la producción y exportación e incentiva la importación de transables. Lo mismo se verifica en servicios; por ejemplo, el turismo, un sector no transable, donde los precios locales suben en dólares, lo que alienta el turismo emisivo y desalienta el receptivo ya que en términos relativos se encarece el turismo interno y se abarata viajar al exterior. Este fenómeno lleva, en definitiva, al empeoramiento de la balanza cuenta corriente, que es el flujo de divisas por bienes, servicios, transferencias y rentas. Si no hay suficiente inversión extranjera directa, el déficit de cuenta corriente debe ser financiada por la cuenta capital (déficit externo) vía endeudamiento o reducción de reservas internacionales.
El resultado de ampliar constantemente los desequilibrios. Final trágico.
Para resumir, estos desequilibrios (fiscal y externo) son sostenidos a través de una combinación de emisión, endeudamiento y consumo de stocks pasados (reservas del BCRA y activos públicos). Cuando se terminan los stocks y se corta el financiamiento, la mejora se corta abruptamente explotando en una megacrisis, como las tantas que ha sufrido el país, que deriva en alguna o varias de las siguientes "soluciones": hiperinflación, megadevaluación, default, confiscación de depósitos privados de familias y empresas, licuación de salarios y jubilaciones. El caos institucional, social, político y económico nos deja nuevamente en el primer casillero, revirtiendo los avances, con empresas quebradas y una población empobrecida sumida en la angustia y desesperanza.









