“No puede recordarlo bien: tiene la impresión de que mientras la miraba sentía por ella la misma vehemencia que si la estuviera recordando, como si ese minuto hubiera pasado y no existiera presencia sino el tormento agostado y rijoso de echarla de menos. Le pareció que en la turbia emoción que lo sacudía aparecía un desierto, un mar que separaba y dejaba atrás con sus ilimitados laberintos, su vida anterior. La miró, la devoró, volando por el techo del circo, es decir, realizando la increíble proeza de existir separada de él. En resumen, Julián se enamoró, irreflexivamente sufrió el encuentro con alguien que se desea más que a uno mismo.”
Ella o el sueño de nadie - Mauricio Wacquez, 1983








