MOSCAS, ZUMBIDOS Y AGUIJONES
No conocemos cuál sea el destino de la humanidad. ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? Miles de inteligencias se han ocupado de este asunto sin que podamos decir que hayan llegado a una conclusión incontrovertible.
No obstante, ¡dejémonos de mirar el ombligo!, ¿y las moscas?, ¿para qué esos dípteros inoportunos, pegajosos, trasmisores de gérmenes, molestos sin parangón?
El escritor Andrés Trapiello cree que las moscas de ciudad aún tienen un cometido en esta vida:
"posarse en los cristales, aprovechar un grano de azúcar que se cayó de la cucharilla, posarse en una calva, pero ¿y las moscas de campo? De ningún otro ser cabría preguntarse con más propiedad de dónde vienen, a dónde van."
Puede que vayan y se dirijan a hacer más moscas..., mas, ¿de dónde ese conato de comer, crecer, reproducirse?
Antonio Machado dedicó un memorable poema a estos insectos voladores, que acaba con este elogio:
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
Puede que te evoquen lo más tétrico y recóndito, donde la vida se hunde en el oficio de la forense. Uno se sorprende de la diversidad de moscas que vuelan y perseveran por el mundo, de todos los colores: grises, negras, a rallas, metalizadas. ¡Y de la biodiversidad y costumbres de los moscones!
Estos últimos, los moscones, sirven a Andrés Trapiello para la analogía de uno de los aforismos que incluye en sus diarios (publicados con el título de Fractal del salón de pasos perdidos, Alianza, 2024):
"SÉ bien qué es un moscardón joven: no sabe contra qué zumba"
Algunos insectos, como el macho de la abeja carpintera, han hecho del zumbido su medio de defensa o de ataque, zumbando defienden territorio frente a otros machos, o asustan a la señora que se acerca a las lantanas en que liban, como en la foto supra. Los machos de las carpinteras no tienen más recurso que ese, el zumbido, o su voz, como la del bravucón de Lope:
El rufián cobarde
"Yo lo desafío en casa del rey,
donde no hay cuchillos,
ni hay lugar para una pelea.
Si no tiene espada, que tome una,
y si la tiene, que me la muestre,
y si no la tiene, que se la ponga.
Y si no me la pone, que se la quite,
y si se la quita, que se la ponga,
y si se la pone, que me la quite.
Si no me la quita, que se la ponga,
y si se la pone, que me la quite,
y si me la quita, que se la ponga."
El fanfarrón de Lope de Vega sólo se atreve a desafiar "donde no hay cuchillos". Los machos de Xylocopa violacea zumban, porque carecen de aguijón.
El aguijón de las avispas y abejas sociales (eusociales) es un ovipositor modificado, lo que significa que las obreras (hembras estériles) lo tienen, pero las castas reproductivas no. No obstante, las hembras de las abejas carpinteras sí tienen aguijón. La razón es que no son abejas sociales, sino solitarias.
Las abejas carpinteras son todas hembras reproductivas. Cada una tiene la capacidad de poner huevos y, por lo tanto, conserva su ovipositor, el cual también funciona como aguijón. De hecho, a diferencia de las abejas de la miel, el aguijón de la abeja carpintera no está dentado, por lo que puede picar varias veces sin morir.
Pasa lo mismo entre nosotras.









