Había llegado a su departamento hace solo unos minutos. Su mente y su mirada, perdida en lo acontecido hace poco más de una hora en el hospital. Se dejó caer en el sofá y cerró los ojos sintiéndose realmente agotado y abrumado.
Otra vez lo recordó.
―Según los exámenes, estás perfectamente sano, Jimin.
El menor soltó todo el aire que sin saber había estado reteniendo.
―¿Entonces por qué los malestares? ―inquirió rascando su nuca mirando al mayor con clara confusión.
―Tus malestares son síntomas muy normales en el embarazo. Felicidades, Jimin.
Y pataleó cubriéndose el rostro con las manos para ahogar un grito que no podría decir a cuál de todas las emociones, que llevaban arremolinándose en su pecho desde que había escuchado la (gran) noticia, se debía.
No era algo que hubiese anticipado, no era algo que él hubiese planeado y sucedía que YoonGi era lo único "no planeado" que había dejado que ocurriese en su vida desde que dejó Busan. Se sentía asustado o mas bien dicho: aterrorizado; y es que a penas estaba recordando como cuidarse él mismo, si no podía con él ¿cómo cuidaría a alguien tan frágil?
Suspiró.
Por otro lado... Si se olvidaba de todos sus miedos, Jimin se encontraba un poco (muy) ilusionado.
Sentía una agradable calidez en su pecho con solo imaginarse sosteniendo entre sus brazos a un inquieto bebé con los mismo ojitos que le habían enamorado tiempo atrás, casi tan pálido como su hyung e incluso con sus propias (muy) grandes mejillas.
Una sonrisa pequeña, alegre pero también temerosa apareció en el rostro del menor. Inhaló y contuvo la respiración por varios segundos, en los que por fin asimiló la nueva situación y se dio cuenta que sin realmente proponérselo, uno de los sueños que creyó perdidos, cobró vida.
―Seré papá. ―susurró. ―Yoonie, ¡seremos papás! ―le gritó a la nada y enseguida soltó una risita que mezclaba incredulidad con felicidad.