JONAS KAHNWALD X OC; relato corto.
(n/a): pueden encontrarme en wattpad como @v-vrintage y/o @-sugarshadow . ♡
Las clases de Romanova nunca habían sido tus favoritas, y esta vez no era la excepción. De por sí no se te daba muy bien la materia, y es que tu mal humor no ayudaba mucho cuando de una ocasión así se trataba.
Te encontrabas sentada justo en el medio del salón, inmersa en tus pensamientos, con la cabeza baja y tus mechones de cabello cayendo como cascadas por encima de tus orejas. Te dedicabas a divagar sobre cosas realmente sin sentido, tu mente permanecía en blanco, hasta que un "¡Pst!" te distrajo por completo.
Te volteaste y te percataste de que quien te había llamado no era nada más y nada menos que tu mejor amigo, Jonas Kahnwald. El chico rubio sonrió al ver que le habías mirado, y se te hizo imposible negar que habías visto un brillo peculiar en sus ojos. Como pudo, te entregó un pequeño papel recortado, al parecer la esquina de una hoja arrancada ferozmente del cuaderno. Ahí, con una caligrafía ondulada, rezaba:
"¿Quieres venir conmigo al bosque después de la escuela?
Llevaré comida."
Una propuesta de picnic en plena clase de historia.
Sonreíste ante la idea y te giraste hacia tu amigo, el cual te miró atentamente en busca de una respuesta; recibió una afirmativa, acompañada de una radiante sonrisa por tu parte. Él asintió y ambos se dedicaron a continuar con la clase.
Pasados unos veinte minutos, el timbre sonó repentinamente y Romanova finalizó su discurso de manera casi forzada. Todos se levantaron de sus asientos y el parloteo entre los alumnos no tardó en aparecer, no solamente en el salón sino también en los extensos pasillos del instituto Winden High School. Al igual que todos los demás, recogiste tu libro y tu cartuchera, dispuesta a salir del aula, pero fue ahí cuando una mano se posó sobre tu hombro; ahí estaba Jonas.
—Hey. —te miró sonriente y achinando un poco los ojos, gesto el cual devolviste.
—¿Tienes la comida aquí? —preguntaste enarcando una ceja y los dos rieron.
—No, pero la dejé preparada en casa. —formaste una diminuta pero perfecta "O" con los labios y asentiste—; puedo ir a buscarla ahora mismo. —él sugirió y tú levantaste las cejas.
—Uh, te acompaño. —arrugaste la nariz.
—No, no. No me tardo, ¿de acuerdo? Espérame en el estacionamiento, total son pocos minutos. —él negó y tú cediste.
—De acuerdo, te esperaré allí.
Salieron del salón y se acompañaron a sus casilleros mutuamente, no tardaron muchos segundos pues se encontraban a una corta distancia. Luego, hicieron tal y como habían planeado, y con una mirada cómplice bastó para afirmar que el plan estaba en marcha. Observaste a Jonas mientras se calzaba su clásico impermeable amarillo y partía rumbo a su casa en bicicleta, por lo que decidiste ir a sentarte al borde de unos canteros que se encontraban a la salida de la institución.
El clima podría estar mejor, sí, pero algo era algo. No hacía ni frío ni calor, pero el cielo estaba sorprendentemente nublado; y eso que habían pronosticado un excelente clima para esa fecha. Aun así, era algo bastante típico en Winden, siendo un lugar tan húmedo que parece poseer un alma fantasma. Curioso.
Te apoyaste al borde de los canteros y te cruzaste de brazos con la mirada baja, en aquellos momentos no te apetecía revisar qué hay de nuevo en Instagram o ver si actualizaron algún hilo de Twitter. Quizás solamente estabas deseando que tu mejor amigo emprendiera el camino de regreso pronto, pero conociéndolo, él jamás te haría esperar demasiado.
Efectivamente, pasaron unos minutos y Kahnwald ya había estacionado su bicicleta enfrente tuya. Atada en la parte de adelante, una pequeña canasta se había hecho presente, supusiste que era la comida así que no te molestaste en preguntar su contenido. Rápidamente te las arreglaste para acomodarte junto a Jonas, intentando un espacio equilibrado para los dos, pues no querían ningún accidente en el camino.
—Abrázame. —soltó él de golpe.
—¿Qué? —te sonrojaste y te regañaste a ti misma por aquello. Ni siquiera sabía por qué lo habías hecho, Jonas era tu mejor amigo y lo fue durante toda tu vida.
—Que me abraces, así no te caes. —replicó él.
—Ah, ya. —sacudiste la cabeza y cediste, rodeando su torso con suma delicadeza y aferrándote a su cuerpo. No le estabas viendo en aquellos momentos, pero tenías toda la seguridad de que una ligera mueca había aparecido en su rostro.
Sin más rodeos, emprendieron camino hacia un sector agradable del bosque de Winden, escogieron un punto ni muy profundo ni muy cercano a la ciudad. Durante el trayecto, no hubo palabra alguna, aunque no está de más admitir que las miradas por el rabillo del ojo no habían faltado en ningún momento. Seguías abrazándote a Jonas, era un agarre ligero pues no querías incomodarlo de alguna u otra forma, dado que quizás los abrazos sumamente empalagosos aparecían una vez cada tanto tiempo.
No sabes muy bien por qué lo hiciste, ni el cómo ni el cuándo, pero aprovechaste el momento en el que se detuvieron en un semáforo para rodear la cintura de Kahnwald con tus brazos, apegándolo más a tu cuerpo y apoyando el mentón en su hombro, sin percatarte de que tu amigo se había sonrojado notablemente al notar el tacto. Para tu sorpresa, actuó; con un movimiento lento, lleno de ternura y gentileza, acarició tu mano con la yema de sus dedos, casi afirmando el agarre que tenían en aquellos momentos.
Una ligera brisa los visitó, pero a ustedes ni un pelo se les movió.
Jonas aparcó la bicicleta con suma delicadeza y se bajó de esta, acción que imitaste pasados unos segundos. Él se dispuso a recoger la canasta, pero en un ligero arrebato, sus ojos se encontraron con los tuyos y se fundieron por completo en los del otro. Por unos efímeros segundos, el mundo había dejado de existir, el tiempo se había parado, todos los demás se habían esfumado.
Pero nada dura para siempre, ¿verdad? Así que con las mejillas rojas cual tomates, apartaron la mirada y simularon que nada pasó. Aún seguían sin emitir sonido alguno. Vuelta a la realidad, Jonas y tú caminaron hasta el lugar escogido, parándose en seco al quedar bajo la sombra de todos esos esbeltos pinos que conformaban el bosque de Winden. El rubio abrió la canasta y extendió un extenso mantel sobre la tierra, posteriormente apoyando la canasta encima de este y observando el paisaje. Tú solamente te tumbaste en el mantel y decidiste no decir mucho por el momento.
—¿Todo bien? —abrió Jonas, sentándose a tu lado y mirándote a la vez que sellaba sus labios.
—Sí, ¿por? —respondiste con naturalidad.
—¿Tú lo estás? —le miraste y centraste tu atención en él.
—¿Por qué no lo estaría? —contestó con una sonrisa y elevó los hombros.
—No lo sé. —imitaste sus acciones y optaste por sentarte a su lado, él contemplaba cada una de tus acciones y tú las suyas. Desviaste la mirada y divisaste una familia de pájaros viviendo en lo alto, la madre parecía estar alimentando a los pichones.
—¿Qué hay para comer? —soltaste de golpe, mirando a tu amigo y dando golpecitos pequeños con el pie contra la tierra del lugar.
—Uh, bueno... hay varias cosas; manzanas, uvas, emparedados... ¿qué te apetece? —tomó la canasta entre sus manos y me la acercó, abriendo la tapa de esta para que yo mire su contenido: ¡vaya variedad!
—Por ahora un emparedado... ¿Has preparado todo esto tú solo? —tomaste el primero que viste y reíste enarcando una ceja, dándole un mordisco al sándwich de atún que habías agarrado.
—Surgió de una tarde cualunque de inspiración, así que sí. —él mostró sus dientes y no pudiste negar que estar alegre era indudablemente su mejor faceta.
—¡Está delicioso! —exclamaste haciendo un gesto de aprobación.
Jonas solamente se dispuso a reír.
Tu compañero y tú habían tocado varios temas de conversación a lo largo de la tarde, la canasta comenzaba a vaciarse más y más con el paso del tiempo. El emparedado, más una manzana y un par de uvas ya te habían dejado una satisfacción enorme. Nuevamente te habías acostado en el mantel, ahora poniendo tus brazos por detrás de tu cabeza y recostando esta en tus manos, a la vez que Jonas rondaba por ahí pateando piedritas que encontraba.
—Oye. —murmuró a lo lejos.
—Mírame. —se sentó a tu lado y tú enarcaste una ceja.
—¿Puedo abrazarte? —te había tomado por sorpresa esa pregunta por parte del rubio, que seguía con la vista clavada en ti.
—C-claro... —no dijo nada más y poco a poco se fue acercando hasta quedar recostado a tu lado. Con el paso de los segundos, se encontraban cada vez más cerca, al punto de que tu respiración comenzaba a chocar con los cabellos de su nuca.
La dulzura comenzó a apoderarse de ambos y de un momento a otro Jonas ya había apoyado la cabeza en tu pecho. Nuevamente el mundo se había parado, ni siquiera las ardillas que andaban por allí se atrevían a hacer ni el más mínimo ruidito. Él rodeó tu cintura con su brazo y se acurrucó, pudiste sentir cómo su respiración se hacía más relajada que antes. Llevaste una de tus manos a su cabello y empezaste a acariciar aquellas hebras color dorado que tanto te gustaban.
—(T/N)... —dijo él en un susurro.
—Dime. —respondiste en el mismo tono bajo que él.
—Demasiado, quizás. —levantó la vista para mirarte y puso aquella expresión de cachorro, sus ojos destellaban delicadamente y unas sonrisas pequeñas comenzaban a surcar los rostros de ambos.
—Jonas, yo también te quiero.