Fascination for the unusual
Abril 2014
La joven Viklet había estado esperando con ansias el viernes. Desde que en la Universidad le informaron que habría un paseo a uno de los laboratorios más importantes cerca de Montclair, no había podido calmar su emoción ante tal hecho. Deseaba más que nada ir porque amaba informarse de las cosas. A sus 18 años, podía jactarse sin problemas de ser la mejor de la clase, incluso del plantel educativo. Su historial era implacable, y sus boletas sólo poseían la calificación máxima. Ciertamente, ella sabía que sus padres estaban orgullosos de ella.
Cuando por fin llegó el viernes, fue la primera en llegar a la Universidad, de donde partirían todos juntos hacia el laboratorio. Para la joven pelirroja, fue un martirio tener que esperar por los demás compañeros de la clase. A pesar de su encantadora personalidad, todo el mundo sabía que la paciencia no era una de las virtudes de Davery Viklet.
Uno a uno fueron llegando los estudiantes, y cuando finalmente estuvo el grupo completo, partieron hacia el laboratorio en el condado vecino. Para ese momento, la sonrisa en el rostro de Davery era imborrable. Durante el recorrido, la chica mantuvo una charla amena con otras dos jovencitas, no tan emocionadas como ella por la excursión. En cambio, estuvieron parloteando acerca de su fin de semana, y de chicos. Ese siempre era el tema favorito de conversación.
Davery fingió escucharlas, fingió comprender sus problemas, y fingió que se interesaba en sus palabras. Lo cierto es que por dentro, lo único que deseaba era deshacerse de su horrible presencia. Al llegar al laboratorio, Davery miró impresionada absolutamente todo. Justo antes de entrar, el pensamiento de la chica fue que ese día sería inolvidable. Aunque nunca imaginó la verdad tras ese pensamiento.
Media hora después de haber ingresado a las instalaciones del laboratorio, mientras el guía encargado del tour explicaba las funciones de una extraña cámara a escala, más parecida a una gran bóveda, se escuchó un sonido alarmante proveniente del interior. Nadie se movió, nadie pronunció ningún sonido, ni siquiera el guía, quien se suponía era el encargado del grupo.
Nuevamente se escuchó un escalofriante sonido, o más bien un gemido de dolor. Para Davery, eso inmediatamente captó su atención. Los gemidos se volvieron constantes, pero todos en la habitación seguían estáticos en su lugar. Excepto la chica pelirroja, que con la mirada entrecerrada, se acercó a la puerta de la cámara. Escuchó vagamente como la llamaban, advirtiéndole que no hiciera nada estúpido, pero la curiosidad pudo más con la chica.
Abrió la puerta, y lo que dentro de ella se encontraba, la dejó sin palabras.
Una figura extraña, llena de una extraña sustancia que a simple vista parecía repugnante, se movió en el interior de la cámara. Trató de arrastrarse hacia el exterior, pero al moverse profirió un aullido de dolor. Davery observó fascinada la escena, no podía moverse de su lugar, por lo que no pudo evitar que aquella extraña criatura cerrara lo que parecía una mano deformada alrededor de su muñeca. Inmediatamente después de eso, el caos se desató.
Alguien la tomó de los ante brazos y la alejó de ahí. Davery ni siquiera reaccionó, su mirada seguía fija en aquella figura deformada. Escuchó gritos, escuchó cómo la gente trataba de salir a trompicones de ahí, e incluso escuchó el sonido de varias cosas haciéndose trizas al caer contra el suelo. Aun así, ella no podría quitarse de la mente la imagen tan perturbadora de hacía tan sólo unos minutos.
— Señorita, ¿se encuentra bien? Puede que esté en un estado de shock por lo que acaba de ocurrir, pero si me escucha, parpadee una vez —dijo un hombre frente a ella. Aquello la hizo salir de su ensoñación, y miró a su alrededor. Ya no se encontraba en la habitación de la cámara, ahora parecía más como una enfermería. El hombre frente a ella portaba un uniforme de paramédico.
— ¿Qué sucedió allá? —fue lo primero que preguntó. Se moría por saber. El paramédico se removió incómodo—. Oh, vamos, sabes qué es ¿no? ¿Era humano? ¿Acaso aquí practican experimentos para crear nuevas especies? —le instó a que hablara, esbozando una sonrisa cómplice.
El paramédico volvió pasarse una mano por el cabello, nervioso por la intensa mirada de la joven.
— Este… sí, algo así —Davery alzó una ceja hacia él—, quiero decir… ¡no! No hacen prácticas con humanos, aunque eso que te encontraste allá arriba sí era humano… o al menos lo que quedaba de él.
Después de eso, el hombre se negó a decir alguna otra palabra más, aunque eso no detuvo a la chica. Cuando el paramédico la dejó sola para ir por un analgésico, ella se escabulló de ahí. En los pasillos, había mucha gente. Algunos portaban el gafete que los identificaba como miembros del laboratorio, y otros, eran más fáciles de identificar. Con esas chaquetas oscuras, y las grandes iniciales en amarillo en la espalda eran imposibles pasar desapercibidos. Davery se preguntó, mientras caminaba de regreso hacia la habitación de la cámara, si la cosa era tan alarmante como para haber llamado al FBI.
Una vez en el lugar de los hechos, se las ingenió para que nadie la viera entrar. Traspasó la cinta amarilla que habían colocado, pero para su desgracia, la extraña criatura que el paramédico había afirmado era humano, ya no estaba. En su lugar, sólo rastros de aquella sustancia viscosa y repugnante de la que estaba cubierto.
— ¿No te dijeron que esta es un área prohibida? —preguntó una voz femenina detrás de ella.
Davery se dio la vuelta, tan sólo para encontrarse cara a cara con una mujer. Portaba una chaqueta del FBI, estaba cruzada de brazos con una ceja alzada y la mirada fija en ella.
— Tenía… curiosidad —fue su respuesta, tratando de no esbozar una sonrisa.










