“Es aquí,” anuncia una vez que detiene su bicicleta frente a la vieja casa de la calle Neibolt, aquella que se vio teñida de negro por las cenizas de un incendio varios años atrás. Ahora se levanta deteriorada frente a los cuatro infantes, con la madera desgastada y la maleza que ha crecido entre las grietas; se nota en sus condiciones que nadie ha puesto un pie dentro de ella en mucho tiempo, a excepción de los vagabundos y rufianes que de vez en cuando la toman como refugio. Las palmas de las manos le sudan, no está seguro de qué espera encontrar ahí dentro, mas imposible le resulta olvidar la última conversación que tuvo con Fergal. No puede simplemente no hacer nada al respecto. Le dedica una mirada a los chicos que ha decidido reunir para la excursión. “La casa del pozo, me habló de ella la última vez que lo vi. Creo--- Tal vez decidió venir solo...” ( @decolormagenta ; @gerbcrm ; @polarisdx )














