“¡Puto auto de mierda, enciende!”

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“¡Puto auto de mierda, enciende!”
“Alguien le puso nueces al pastel, no puedo creer que hayan alterado la receta de mis abuelos.”
—¿Puedes dejar de seguirme?— cuestionó a la persona que caminaba trás de ella y que desde hacía cuadras, le había otorgado la sensación de que la estaba persiguiendo. Quizá era su propia paranoia que le afectaba de sobremanera, pero prefería tomar precauciones, en lugar de lamentarse más tarde. —No sé que pretendes, pero no es divertido— agregó, frustrada.
Desde que salió de la cama esa mañana, la chica no se sentía bien. No estaba enferma, y las cosas en casa no eran lo suficientemente malas hoy como para ponerla de mal humor. Sin embargo, hoy era el aniversario luctuoso de su madre. Y su padre no daba señales de recordarlo; sin su hermana en el pueblo para hacerla sentir mejor. Rory hizo lo mismo de siempre, lo único que sabía hacer cuando estaba triste. Encontró algún lugar para sentarse y se dispuso a enterrarse entre las páginas de un libro. Sin realmente prestar atención a lo demás. "No es un buen momento." musitó, al escuchar como alguien se acercaba, sus ojos aún pegados en el ejemplar.
“¡Que no me tires cosas, te he dicho!”
esa misma mañana, había decidido pasar el día en la biblioteca con fines educativos, no por necesidad, sino por mero placer. ella desconoce lo que espera después de las grandes puertas marrones ; risas que se contagian entre un grupo al que no pertenece, voces que repiten su nombre pero no buscan nada amistoso con la castaña, quien ahora se encuentra de rodillas en el asfalto, recogiendo sus pertenencias con los labios prensados entre sí. aquellos partieron con rapidez luego de arrebatarle su mochila y regar todo lo que se encontraba dentro de esta ; ella no dijo nada, nunca lo hace. ‘ ¿qué demonios estás mirando? ’ totalmente a la defensiva, se gira hacía la otra persona que siente. ‘ el espectáculo ha terminado.’
-- “Disculpa, ¿podrías ayudarme con mi auto, por favor?”
La pelinegra había salido a caminar durante la tarde, el tiempo había pasado en un abrir de ojos cuando ya estaba de noche, probablemente después del toque de queda, se encontraba caminando de vuelta a su casa cuando sintió una sombria figura a sus espaldas, miró por encima de su hombro para asegurarse si solo era su imaginación, sin embargo aquella sombra era real, no podía identificar al cien por ciento de que se trataba solo miraba la figura humana. Se giró para enfrentarlo, segur era un imbécil queriendo asustarla. “No eres gracioso, ¿sabes? eres... eres un enfermo” Expresó torciendo sus labios, fue entonces que noto que aquella figura comenzó a correr hacia ella. Con el corazón latiendo a mil hora, sintiendo que este quería salirse de su pecho, la pelinegra corrió con todas sus fuerzas entre esa calle solitaria y oscura, se detuvo para enfrentarlo pero había desaparecido, se sentía observada de todos lados, miró a sus alrededores algo asustada hasta que de pronto su cuerpo colapsó con uno ajeno, lo cual la hizo gritar un poco al pensar que era aquella figura sin total forma y retrocedió hasta darse cuenta que era otra persona. “L-lo- lo siento, es- es que...había alguien persiguiéndome” Dijo con un poco de dificultad. “Había algo ahí, lo juro” Señaló hacia la calle que estaba vacía, no sabía si había sido su imaginación o realmente había visto algo más entre la oscuridad.