A PLENITUD
"La verdad no necesita acreditaciones, solo ser explorada, experimentada, percibida, expandida" Alexandro Energys.
La vida que nos enseñan a vivir y la vida que realmente somos no son lo mismo. Nos hacen creer que existimos en función de un número, un documento sellado, una identidad otorgada por el Estado. Nos dicen que somos ciudadanos, miembros de una sociedad, engranajes de una estructura que nos dicta quiénes somos y qué podemos hacer. Pero esa es solo una máscara. La verdadera vida, la que vibra en lo profundo de nuestro ser, no necesita permisos ni certificados. No es una concesión legal; es un derecho divino.
Desde el momento en que nuestros padres anuncian nuestro nacimiento, el sistema nos marca con un registro, con un nombre que queda inscrito en papeles, como si sólo entonces comenzáramos a existir. Pero nuestra esencia es anterior a cualquier rúbrica. No somos simples representantes de una nación ni meras piezas de una maquinaria burocrática. Somos fragmentos de la energía eterna, hijos de lo divino, portadores de una verdad que trasciende las fronteras impuestas.
Nos hemos acostumbrado a cargar documentos plastificados, credenciales que nos permiten movernos dentro de un mundo artificial. Pero, ¿acaso esos papeles nos definen? ¿Es el uniforme lo que hace al individuo? ¿Es el título lo que da valor a un espíritu? Observamos a un soldado y vemos su vestimenta antes que su humanidad. Conversamos con un abogado y vemos su conocimiento antes que su alma. Y así, atrapados en el juego de las apariencias, olvidamos nuestra verdadera identidad.
Si te identificas con el rol que el sistema te otorga, si crees que eres solo el médico, el juez, el funcionario con diplomas colgados en la pared, entonces serás tratado como tal: un engranaje dentro del mecanismo. Pero si despiertas a tu esencia, si comprendes que eres mucho más que un nombre en un registro, comenzarás a vivir con plenitud. Porque la plenitud no se encuentra en títulos ni en permisos; está en la conciencia de lo infinito, en la conexión con esa dimensión superior donde nuestra alma se expande sin límites.
El sistema te ofrece comodidad a cambio de sumisión. Te da seguridad social, derechos legales, protección jurídica. Pero cada beneficio tiene un precio. Pagas con impuestos, con normas que encadenan, con una identidad limitada que reduce tu existencia a un código. ¿Es eso suficiente? ¿Vale la pena entregar la libertad del alma por la seguridad de una estructura impuesta?
Dios, la energía suprema, nos entrega tesoros invaluables: la creatividad, la voluntad, el poder de existir en plenitud. Pero el sistema nos impone otra divinidad: la del Estado, la de las leyes que regulan cada paso, la de una burocracia que decide lo que es posible y lo que no. ¿A quién decides rendirle culto? ¿Al Dios que te hizo infinito o al dios que te limita con formularios y sellos?
La paradoja de nuestro tiempo es esta: en la búsqueda de poder, el ser humano ha perdido su esencia. Ha cambiado su fuerza vital por un número de identificación, su herencia ancestral por una nacionalidad artificial, su libertad genuina por una regulación impuesta. La existencia se ha dado vuelta. Nos aferramos a lo falso y rechazamos lo verdadero. Nos convertimos en sombras de lo que podríamos ser.
Pero la verdad sigue ahí, esperando ser reconocida. No eres un registro, ni una firma, ni una ficción jurídica. Eres un ser vivo, una chispa de lo divino. No permitas que la costumbre apague tu luz. No dejes que la estructura te defina. Vive con plenitud, con la certeza de que tu existencia es mucho más que un papel. Es una historia escrita en el lenguaje eterno del universo.










