Mi carne, mi sangre, mi piel, mi reino. Donde yo mando, donde yo decido. Salgo de una expectativa preferida, camino sobre la tapia de vuestra frontera repugnante Mi piel, mi carne, mi sangre, mi templo. Donde oran las profanas, las desahuciadas de la fe, las perversas y las anormales. Lo que nunca sabréis es que esto que hago lo hago sin creer en vuestro discurso, sin confiar en el futuro que me deparan vuestras predicciones, sin dejaros conocerme. Mi coño, mi polla, mis orificios todos, mi orgasmo: donde he construido un monumento al deseo que siempre está lubricado. Atravieso las fronteras de vuestras propias neurosis, y me instalo justo ahí donde quiero estar, donde luzco como un molesto insecto mutante al que no podéis matar. Mi cuerpo, mi cuerpo, MI CUERPO. ¡Donde yo mando!
Diana J. Torres

















