La participación política ha sido sometida a una enorme crítica en tiempos recientes que nos ha mostrado, tanto teórica como empíricamente, las enormes limitaciones que tienen las políticas de la participación. Desde la desactivación de la potencia ciudadana a su disciplinamiento, pasando por la irrelevancia de sus proyectos. La figura de la participación política es reclamada, ensalzada y denostada. Y pese a todo, pese al reconocimiento de sus límites y fracasos, creemos necesario seguir explorando el alcance de una manera de tomar parte en la política que aspira a hacer parte de la ciudad a aquellos dejados aparte, aquellos que no tiene parte. Quizás lo primero que necesitamos es unas políticas de la participación humildes, que comiencen por reconocer el fracaso de la participación. Unas políticas de la participación que reconocen su limitación y que no cifra su éxito en aquello que logran sino en todos aquellos efectos adyacentes que son capaces de generar. Una participación cuya política se cifra en la adyacencia.
Madrid y las políticas de la participación: tres sensibilidades urbanas del municipalismo : Prototyping
dialéctica ciudadana que busca hacerse y visibilizarse a través de repositorios web y de plataformas digitales, preferentemente redes sociales no comerciales (aunque mucho de la conversación sigue en instagram, twitter o incluso facebook)
laboratorios de innovación social y poética ciudadana para contenidos y acciones puntuales que pretenden desarrollar la iconografía de los proyectos como catalizadores para el hackeo y el activismo social.
territorios descentralizados y cohesionados por la retórica de cada comunidad local definen la iconología y las formas del procomún











