Bajaste las escaleras con cuidado de no hacer sonar la madera con tus pisadas,
Pensaste que no te escucharía,
Imaginé que se abría un hueco en el techo de nuestra habitación
Y que aquella oscuridad que veía se tragaba todo lo que alguna vez fue de nosotros.
No pude dormir la noche siguiente
Y tampoco necesite estar borracha para llorar como un bebé por ti.
Te fuiste una madrugada en medio del ruido del verano,
Y sé que nos dolió ha ambos.
Ahora miro el marco de la puerta de la casa,
Por el cual casi ni entrabas,
Y desearía que aquel día que te fuiste se hubiera hecho tan pequeño que no hubieses podido pasar,
Para que tus brazos siguieran rodeándome
Y poder seguir viendo el brillo del sol en tus pupilas dilatadas.